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— Mi vecina . . . Debe ser mi vecina . Tal vez se ha matado . Al asomarse vieron luces en el fondo ; gentes que se agitaban en torno de un bulto tendido sobre las baldosas . La alarma había poblado instantáneamente todas las ventanas . Era una noche sin sueño , una noche de nerviosidad , que mantenía á todos en dolorosa vigilia . — Se ha matado — dijo una voz que parecía surgir de un pozo — . Es la alemana , que se ha matado . La explicación de la portera saltó de ventana en ventana hasta el último piso . El ruso movió la cabeza con expresión fatal . La infeliz no había dado sola el salto de muerte . Alguien presenciaba su desesperación : alguien la había empujado . . . ¡ Los jinetes ! ¡ Los cuatro jinetes del Apocalipsis ! . . . Ya estaban sobre la silla ; ya emprendían su galope implacable , arrollador . Las fuerzas ciegas del mal iban á correr libres por el mundo . Empezaba el suplicio de la humanidad bajo la cabalgada salvaje de sus cuatro enemigos . SEGUNDA PARTE I Las envidias de don Marcelo El primer movimiento del viejo Desnoyers fué de asombro al convencerse de que la guerra resultaba inevitable . La humanidad se había vuelto loca . ¿ Era posible una guerra con tantos ferrocarriles , tantos buques de comercio , tantas máquinas , tanta actividad desarrollada en la costra de la tierra y sus entrañas ? . . . Las naciones se arruinarían para siempre . Estaban acostumbradas á necesidades y gastos que no conocieron los pueblos de hace un siglo . El capital era dueño del mundo , y la guerra iba á matarlo ; pero á su vez moriría ella á los pocos meses , falta de dinero para sostenerse . Su alma de hombre de negocios se indignó ante los centenares de miles de millones que la loca aventura iba á invertir en humo y matanzas . Como su indignación necesitaba fijarse en algo inmediato , hizo responsables de la gran locura á sus mismos compatriotas . ¡ Tanto hablar de la revancha ! ¡ Preocuparse durante cuarenta y cuatro años de dos provincias perdidas , cuando la nación era dueña de tierras enormes é inútiles en otros continentes ! . . . Iban á tocar los resultados de tanta insensatez exasperada y ruidosa . La guerra significaba para él un desastre á breve plazo . No tenía fe en su país : la época de Francia había pasado . Ahora los triunfadores eran los pueblos del Norte , y sobre todos , aquella Alemania que él había visto de cerca , admirando con cierto pavor su disciplina , su dura organización . El antiguo obrero sentía el instinto conservador y egoísta de todos los que llegan á amasar millones . Despreciaba los ideales políticos , pero por solidaridad de clase había aceptado en los últimos años todas las declamaciones contra los escándalos del régimen . ¿ Qué podía hacer una República corrompida y desorganizada ante el Imperio más sólido y fuerte de la tierra ? . . . « Vamos á la muerte — se decía á solas — . ¡ Peor que en el 70 ! . . . Nos tocará ver cosas horribles . »
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