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Cuentan varios cronistas , y citaré entre ellos al padre Acosta , que es el que más a la memoria me viene , que a los principios , en los grandes banquetes , y por mucho regalo y magnificencia , se obsequiaba a cada comensal con una aceituna . El dueño del convite , como para disculpar una mezquindad que en el fondo era positivo lujo , pues la producción era escasa y carísima , solía decir a sus convidados : caballeros , aceituna , una . Y así nació la frase . Ya en 1565 y en la huerta de don Antonio de Ribera , se vendían cuatro aceitunas por un real . Este precio permitía a su anfitrión ser rumboroso , y desde ese año eran tres las aceitunas asignadas por cada cubierto . Sea que opinasen que la buena crianza exige no consumir toda la ración del plato , o que el dueño de la casa dijera , agradeciendo el elogio que hicieran de las oleosas : aceituna , oro es una , dos son plata y la tercera mata , ello es que la conclusión de la coplilla daba en qué cavilar a muchos cristianos que , después de masticar la primera y segunda aceituna , no se atrevían con la última , que eso habría equivalido a suicidarse a sabiendas . Si la tercera mata , dejémosla estar en el platillo y que la coma su abuela . Andando los tiempos vinieron los de ño Cerezo , el aceitunero del Puente , un vejestorio que a los setenta años de edad dió pie para que le sacasen esta ingeniosa y epigramática redondilla : Dicen por ahí que Cerezo tiene encinta a su mujer . Digo que no puede ser , porque no puede ser eso . Como iba diciendo , en los tiempos de Cerezo era la aceituna inseparable compañera de la copa de aguardiente ; y todo buen peruano hacía ascos a la cerveza , que para amarguras bastábanle las propias . De ahí la frase que se usaba en los días de San Martín y Bolívar para tomar las once ( hoy se dice lunch , en gringo ) : — Señores , vamos a remojar una aceitunita . Y ¿ por qué — preguntará alguno — llamaban los antiguos las once , al acto de echar después de mediodía , un remiendo al estómago ? ¿ Por qué ? Once las letras son del aguardiente . Ya lo sabe el curioso impertinente . Gracias a Dios que hoy nadie nos ofrece ración tasada y que hogaño nos atracamos de aceitunas sin que nos asusten frases . ¡ Lo que va de tiempo a tiempo ! Hoy también se dice : aceituna , una ; mas si es buena , una docena . OFICIOSIDAD NO AGRADECIDA Cuentan las crónicas , para probar que el arzobispo Loayza tenía sus ribetes de mozón , que en Lima había un clérigo extremadamente avaro , que usaba sotana , manteo , alzacuello y sombrero tan raídos , que hacía años pedían a grito herido inmediato reemplazo . En arca de avariento , el diablo está de asiento , como reza el refrán . Su ilustrísima , que porfiaba por ver a su clero vestido con decencia , llamóle un día y le dijo : — Padre Godoy , tengo una necesidad y querría que me prestase una barrita de plata . El clérigo , que aspiraba a canonjía , contestó sin vacilar : — Eso , y mucho más que su ilustrísima necesite , está a su disposición . — Gracias . Por ahora me basta con la barrita , y Ribera , mi mayordomo , irá por ella esta tarde .
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