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— Pues tiempo perdido , amigo mío . Lo veo a usted en mal caballo , y con dolor de mi corazón tendré que ser severo ; que el rey no me ha enviado para que ande con blanduras y contemplaciones . En su causa hay documentos atroces y testigos libres de tacha cuyas declaraciones bastan y sobran para enviar a la horca diez prójimos de su calibre . Yo soy muy recto , y tratándose de administrar justicia no me caso ni con la madre que me parió . — Pues , señor Visitador , contra todo lo que dice su señoría que hay de grave en mi proceso , poseo yo mil argumentos irrefutables ; sí , señor , mil argumentos . Y lo mejor es que seamos amigos y nos dejemos de pleitos , que no sirven sino para traer desazones , criar mala sangre y hacer caldo gordo a escribas y fariseos . — ¿ Y por qué , si tiene tanta confianza en que han de sacarlo airoso , no ha hecho uso de sus argumentos ? Ya quisiera conocer uno para refutárselo . — Si el señor Visitador me ofrece no airarse y guardarme el secreto , diréle en puridad cuáles son mis argumentos . — Hable usted clara y como Cristo nos enseña . Presénteme uno solo de sus argumentos , y guarde los novecientos noventa y nueve restantes , que ni tiempo hay sobrado ni ocasión es ésta para hacerme cargo de ellos . Entonces el corregidor metió mano al bolsillo , y entre el pulgar y el índice sacó una onza de oro . — ¿ Ve su señoría este argumento ? — ¡ Eso es una pelucona , señor corregidor ! — Pues mil argumentos de su especie tengo listos para que se corte el proceso . Y buenas noches , señor Visitador , que las horas vuelan y la palabra es palabra . Y paso entre paso , el corregidor siguió camino de la cárcel . En cuanto al señor de Areche , refieren que volvió cogitabundo a ocupar su puesto en la mesa de tresillo , que en toda la santa noche no hizo jugada en regla , y que , por primera vez en su vida , cometió dos renuncios , prueba clara de la preocupación de su ánimo . III ¡ Qué demonche ! Yo no soy maldiciente , pero en la historia hay hechos que lo sacan a uno de quicio . Y la prueba de que don José Antonio de Areche no jugó muy limpio , que digamos , en el desempeño de la comisión que el rey le confiara , está en que , a pesar de los pesares , su majestad se vió forzado a destituirlo , llamándolo a España , confiscándole la hacienda , y sentenciándolo a vivir desterrado de la villa y corte de Madrid . Al siguiente día de la entrevista con el Visitador , fué puesto en libertad el preso y se sobreseyó en la causa . ¡ Y tenga usted fe en la incorruptibilidad de la justicia ! Digo , ¡ si fumarían en pipa los argumentos del corregidor ! LA NIÑA DEL ANTOJO Generalizada creencia era entre nuestros abuelos que a las mujeres encintas debía complacerse aún en sus más extravagantes caprichos . Oponerse a ellos equivalía a malograr obra hecha . Y los discípulos de Galeno eran los que más contribuían a vigorizar esa opinión , si hemos de dar crédito a muchas tesis o disertaciones médicas , que impresas en Lima , en diversos años , se encuentran reunidas en el tomo XXIX de Papeles varios de la Biblioteca Nacional .
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