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Cesaba la brisa , la vela caía desmayada á lo largo del mástil , y el desorejado empuñaba la percha , apoyándose en los ribazos para empujar la embarcación . Pasó con dirección al lago una barca pequeña cargada de tierra . Una muchacha perchaba briosamente en la proa , y en el otro extremo la ayudaba un joven con un gran sombrero de jipijapa . Todos los conocieron . Eran los hijos del tío Tòni , que llevaban tierra á su campo : la Borda , aquella expósita infatigable , que valía más que un hombre , y Tonet el Cubano , el nieto del tío Paloma , el mozo más guapo de toda la Albufera , un hombre que había visto mundo y tenía algo que contar . — ¡ Adiós , Bigòt ! — le gritaron familiarmente . Le daban tal apodo á causa del bigote que sombreaba su rostro moreno , adorno desusado en la Albufera , donde todos llevan rasurado el rostro . Otros le preguntaban con irónico asombro desde cuándo trabajaba . Se alejó el barquito , sin que Tonet , que había lanzado una rápida ojeada á los pasajeros , pareciese oir las bromas . Muchos miraron con cierta insolencia á Cañamèl , permitiéndose las mismas bromas brutales que se usaban en su taberna . . . ¡ Ojo , tío Paco ! ¡ Él iba á Valencia , mientras Tonet pasaría la noche en el Palmar ! . . . El tabernero fingió al principio no oirles , hasta que , cansado de sufrir , se enderezó con nervioso impulso , pasando por sus ojos una chispa de ira . Pero la masa grasienta del cuerpo pareció gravitar sobre su voluntad , y se encogió en el banco , como aplastado por el esfuerzo , gimiendo otra vez dolorosamente y murmurando entre quejidos : — ¡ Indesents ! . . . ¡ indesents ! . . . II La barraca del tío Paloma se alzaba á un extremo del Palmar . Un gran incendio había dividido la población , cambiando su aspecto . Medio Palmar fué devorado por las llamas . Las barracas de paja se convirtieron rápidamente en cenizas , y sus dueños , queriendo vivir en adelante sin miedo al fuego , construyeron edificios de ladrillo en los solares calcinados , empeñando muchos de ellos su escasa fortuna para traer los materiales , que resultaban costosos después de atravesar el lago . La parte del pueblo que sufrió el incendio se cubrió de casitas , con las fachadas pintadas de rosa , verde ó azul . La otra parte del Palmar conservó el primitivo carácter , con las techumbres de sus barracas redondas por los dos frentes , como barcos puestos á la inversa sobre las paredes de barro . Desde la plazoleta de la iglesia hasta el final de la población por la parte de la Dehesa , se extendían las barracas , separadas unas de otras por miedo al incendio , como sembradas al azar . La del tío Paloma era la más antigua . La había construído su padre en los tiempos en que no se encontraba en la Albufera un ser humano que no temblase de fiebre . Los matorrales llegaban entonces hasta las paredes de las barracas . Desaparecían las gallinas en la misma puerta de la casa , según contaba el tío Paloma , y cuando volvían á presentarse , semanas después , llevaban tras ellas un cortejo de polluelos recién nacidos . Aún se cazaban nutrias en los canales y la población del lago era tan escasa , que los barqueros no sabían qué hacer de la pesca que llenaba sus redes . Valencia estaba para ellos al otro extremo del mundo , y sólo venía de allá el mariscal Suchet , nombrado por el rey José duque de la Albufera y señor del lago y de la selva , con todas sus riquezas .
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