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Durante nuestro baño , sea que la noche y la orilla de un hermoso río dispongan el ánimo a hacer confidencias , sea que yo me diese trazas para que mi amigo me las hiciera , confesóme que después de haber guardado por algún tiempo como reliquia el recuerdo de Micaelina , se había enamorado locamente de una preciosa ñapanguita , debilidad que procuraba esconder a la malicia de don Ignacio , pues que éste había de pretender desbaratarle todo , porque la muchacha no era señora ; y en fin de fines raciocinó así : - ¡ Como si pudiera convenirme a mí casarme con una señora , para que resultara de todo que tuviera que servirle yo a ella en vez de ser servido ! Y por más caballero que yo sea , ¿ qué diablos iba a hacer con una mujer de esa laya ? Pero si conocieras a Zoila . . . ¡ Hombre ! no te pondero ; hasta le harías versos . ¡ Qué versos ! se te volvería la boca agua : sus ojos son capaces de hacer ver a un ciego ; tiene la risa más ladina , los pies más lindos , y una cintura que . . . - Poco a poco - le interrumpí - : ¿ es decir que estás tan frenéticamente enamorado que te echarás a ahogar si no te casas con ella ? - ¡ Me caso aunque me lleve la trampa ! - ¿ Con una mujer del pueblo ? ¿ Sin consentimiento de tu padre ? . . . Ya se ve : tú eres hombre de barbas , y debes saber lo que haces . ¿ Y Carlos tiene noticia de todo eso ? - ¡ No faltaba otra cosa ! ¡ Dios me libre ! Si en Buga lo tienen en las palmas de las manos y a boca qué quieres . La fortuna es que Zoila vive en San Pedro y no va a Buga sino cada marras . - Pero a mí sí me la mostrarías . - A ti es otra cosa ; el día que quieras te llevo . A las tres de la tarde me separé de Emigdio , disculpándome de mil maneras para no comer con él , y las cuatro serían cuando llegué a casa . Capítulo XX Mi madre y Emma salieron al corredor a recibirme . Mi padre había montado para ir a visitar los trabajos . A poco rato se me llamó al comedor , y no tardé en acudir , porque allí esperaba encontrar a María ; pero me engañé ; y como le preguntase a mi madre por ella , me respondió : - Como esos señores vienen mañana , las muchachas están afanadas porque queden muy bien hechos unos dulces ; creo que han acabado ya y que vendrán ahora . Iba a levantarme de la mesa cuando José , que subía del valle a la montaña arreando dos mulas cargadas de caña - brava , se paró en el altico desde el cual se divisaba el interior , y me gritó : - ¡ Buenas tardes ! No puedo llegar , porque llevo una chúcara y se me hace noche . Ahí le dejo un recado con las niñas . Madrugue mucho mañana , porque la cosa está segura . - Bien - le contesté - ; iré muy temprano ; saludes a todos . - ¡ No se olvide de los balines ! Y saludándome con el sombrero , continuó subiendo . Dirigíme a mi cuarto a preparar la escopeta , no tanto porque ella necesitase de limpieza cuanto por buscar pretexto para no permanecer en el comedor , en donde al fin no se presentó María .
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