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Colocada de manera que de afuera no podían verla , continuó , dándome la mano : - Si usté no se hubiera estado un mes sin venir , me habría hecho un bien . Vea a ver si mi taita está por ahí . - Ninguno está . ¿ No puedo hacerte el mismo bien ahora ? - ¡ Ya quién sabe ! - Pero di a ver . ¿ No estás persuadida de que te lo haré de mil amores ? - Si le dijera que no , sería una mentirosa , porque desde que tomó tanto empeño para que ese señor inglés viniera a verme cuando me dio el tabardillo , y muchísimo interés porque yo me alentara , me convencí de que sí me tenía cariño . - Me alegro de que lo conozcas . - Pero es que lo que yo tengo que contarle es tantísimo , que así de pronto no se puede , y antes un milagro es que ya no esté mi mama aquí . . . Escuche que ahí viene . - No faltará ocasión . - ¡ Ay señor ! y yo no me conformo con que se vaya hoy sin decírselo todo . - Conque ¿ va a bañarse , compadrito ? - dijo entrando Candelaria - . Entonces voy a traerle una sábana bien olorosa y orita mismo se va con Salomé y su ahijado ; antes ellos traen un viaje de agua , y ésta lava unos coladores , que con el viaje del mudo por los plátanos y lo que ha habido que hacer para usté y para mandar a la Parroquia , no ha quedado sino la de la tinaja . Al oír la propuesta de la buena mujer , me persuadí de que ella había entrado de lleno en el plan de su marido , y Salomé me hizo al descuido una muequecita expresiva , de modo que con labios y ojos me significó a un mismo tiempo : « ahora sí » . Salí de la cocina , y paseándome en la sala mientras se preparaba lo necesario para el viaje al baño , pensaba que sobrada razón tenía mi compadre en celar a su hija , pues a cualquiera menos malicioso que él podía ocurrírsele que la cara de Salomé con sus lunares , y aquel talle y andar , y aquel seno , parecían cosa más que cierta , imaginada . Interrumpió aquellas consideraciones Salomé , la cual parándose a la puerta , con un sombrerito raspón medio puesto , me dijo : - ¿ Nos vamos ? Y dándome a oler la sábana que llevaba colgada en un hombro , añadió : - ¿ Qué olor tiene ? - El tuyo . - A malvas , señor . - Pues a malvas . - Porque yo tengo siempre muchas en mi baúl . Camine y no vaya a creer que es lejos : lo vamos a llevar por debajo del cacaotal ; al salir del otro lado , no hay que andar sino un pedacito , y ya estamos allá . Fermín , cargado con los calabazos y coladeras , nos precedía . Éste era mi ahijado : tenía yo trece años y él dos cuando le serví de padrino de confirmación , debido ello al afecto que sus padres me habían dispensado siempre . Capítulo XLIX Salíamos del patio por detrás de la cocina cuando mi comadre nos gritaba : - No se vayan a demorar , que la comida está en estico Salomé quiso cerrar la puertecita de trancas por donde habíamos entrado al cacaotal : pero yo me puse a hacerlo mientras ella decía : - ¿ Qué hacemos con Fermín , que es tan cuentero ? - Tú lo verás . - Ya sé : deje que estemos más allá , y yo lo engaño .
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