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No , hijo , eso sí que no : despechado no estás : lo que pasa es que ves claro , mientras tu pobre amiga se ha quedado ciega . . . ¡ Cómo se transformó su fisonomía al entrar el individuo ! La verdad : no la creí capaz de echarse un amante . . . y menos ese . O mucho me equivoco ó le ha caído que hacer á la infeliz . Ese andaluz es uno de los tipos que mejor patentizan la decadencia de la raza española . ¡ Qué provincias las del Mediodía , señor Dios de los ejércitos ! ¡ Qué hombre el tal Pachequito ! Perezoso , ignorante , sensual , sin energía ni vigor , juguete de las pasiones , incapaz de trabajar y de servir á su patria , mujeriego , pendenciero , escéptico á fuerza de indolencia y egoismo , inútil para fundar una familia , célula ociosa en el organismo social . . . ¡ Hay tantos así ! Y sin embargo , á veces medran , con una apariencia de talento y la viveza propia del meridional ; no tienen fondo , no tienen seriedad , no tienen palabra , no tienen fe , son malos padres , esposos traidores , ciudadanos zánganos , y los ve V . encumbrarse y hacer carrera . . . Así anda ello . Y á las mujeres . . . qué diablo , estos hombres les caen en gracia . . . ¡ Eh ! dejémonos de clichés . . . Asís , que es de otra raza muy distinta , necesita formalidad y constancia ; la compadezco . . . Bueno es que no se casará ; no , casarse no lo creo posible . De esa madera no se hacen maridos . Como aventura , tendrá sus encantos . . . ¡ Qué casualidad ! Y dirán que no hay coincidencias . . . ¡ Tarjetero , tarjetero ! . . . Así meditaba el comandante . ¿ Era injusto ó sagaz ? ¿ Obedecía á su costumbre de analizarlo todo , ó á una puntita de berrinche ? Se caló los lentes y se retorció la barba , ¿ A dónde iría ? — Al Círculo Militar , ya que me sirvió de pretexto para escurrir el bulto . ¡ Poco gusto que les habrá dado cuando yo tomé la puerta ! . . . Tras esta ingrata reflexión apretó á andar . La obscuridad de la noche le exaltaba , y ese enlazado grupo , que ve con la fantasía todo el que sale huyendo de hacer mala obra á dos enamorados , se empeñaba en flotar , vaporoso é irónico , ante Don Gabriel . Fortuna que este género de visiones no suele resistir á los efectos anodinos de una conferencia sobre « Ventajas é inconvenientes del escalafón en los cuerpos facultativos . » XXII EPÍLOGO NO entremos en el saloncito de Asís mientras dure el tiroteo de explicaciones ( ¡ cosa más empalagosa ! ) sino cuando la pareja liba la primera miel de las paces ( empalagosísima también , pero paciencia ) . Ni Pacheco pregunta ya nada acerca de Don Gabriel Pardo y su amistad , ni Asís se acuerda del baile en el merendero . El gaditano habla al oído de la señora . — ¿ Pero tú te creíste que yo no sabía que mañana te vas ? A Diego Pacheco no se la ha pegado ninguna hembra . . . ¡ Niña boba ! Esta mañana ya habías dispuesto la marcha , claro que sí , y si te viniste á almorsá conmigo , fué que te dí un poquillo de lástima . . . Decías tú allá en tus adentros : sólo faltan horas ; vamos á complacer á éste , que tiempo habrá de que estalle la bomba y dejarlo plantao . . .
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