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El ángel , para entretenerle , fué regalándole las margaritas de corazón de oro y pétalos de perlas ; hasta que , muy estrechado ya , hubo de decir que sin duda el encierro era disposición de Dios , y que no se debían contrariar sus decretos santos . Una carcajada burlona fué la respuesta del encerrado , y á la otra noche , al acudir á la reja , el ángel vió con sorpresa que por la puertecilla del jardín salía una figura velada y tapada , que un brazo se cogía de su brazo , y una voz dulce , apasionada y melodiosa le decía al oído : « Ya somos libres . . . Llévame contigo . . . escapemos pronto , no sea que me echen de menos . » El ángel , sobrecogido , no acertó á responder : apretó el paso y huyeron , no sólo de la calle , sino de la ciudad , refugiándose en el monte . La noche era deliciosa , del mes de Mayo : acogiéronse al pie de un árbol frondoso , él saboreando plácidamente , como ángel que era , la dicha de estar juntos ; ella — porque ya habrán sospechado los lectores que se trataba de una mujer — nerviosa , sardónica , soltando lagrimitas y haciendo desplantes . No podía explicarse — ahora que ya no se interponía entre ellos la reja — cómo su compañero de escapatoria no se mostraba más vehemente , cómo no formaba planes de vida ; cómo no hablaba de matrimonio y otros temas de indiscutible actualidad . Nada : allí se mantenía tan sereno , tan contento al parecer , extasiado , sonriendo , abrigándola con su manto de anchos pliegues , y mirando al cielo , lo mismo que si de la luna fuese á caerle en la boca algún bollo . La mujer , que empezó por extrañarse , acabó por indignarse y enfurecerse ; alejóse algunos pasos , y como el ángel preguntase afectuosamente la causa del desvío , alzó la mano de súbito y descargó en la hermosa mejilla angélica solemne y estruendoso bofetón . . . después de lo cual rompió á correr como una loca en dirección de la ciudad . Y el abandonado , sin sentir el dolor ni la afrenta , murmuraba tristemente : — ¡ El poeta mentía ! ¡ No era un ángel ! ¡ No era un ángel ! Al decir esto vió abrirse las nubes y bajar una legión de ángeles , pero de ángeles reales y efectivos , que le rodearon gozosos . Estaba perdonado : había vencido la mayor tentación , que es la de la mujer , y Dios le alzaba el destierro . Mezclándose al coro luminoso , ascendió el ángel al cielo , entre resplandores de gloria ; pero al ascender , volvía la cabeza atrás para mirar á la tierra á hurtadillas , y un suspiro hinchaba y oprimía su corazón . Allí se le quedaba un sueño . . . ¡ Y olía tan bien el jazmín de la reja ! El fantasma CUANDO estudiaba carrera mayor en Madrid , todos los jueves comía en casa de mis parientes lejanos los señores de Cardona , que desde el primer día me acogieron y trataron con afecto sumo . Marido y mujer formaban marcadísimo contraste : él era robusto , sanguíneo , franco , alegre , partidario de las soluciones prácticas ; ella pálida , nerviosa , romántica , perseguidora del ideal . El se llamada Ramón ; ella llevaba el anticuado nombre de Leonor . Para mi imaginación juvenil , representaban aquellos dos seres la prosa y la poesía .
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