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Vinieron hijos , un niño y una niña ; pero Elisa , que sufrió todo el peso de la crianza , no intervino en la educación , ni ejerció jamás esa autoridad de la madre digna y altiva , que lleva la maternidad como una corona . Sus hijos se habituaron á que « no mandaba mamá » . En cuanto á la hacienda , ya se infiere que la regía única y exclusivamente Adolfo , y Elisa no se hubiese arrojado á gastar cincuenta pesetas en nada extraordinario , sin la vénia necesaria . Muerto el padre de Elisa y recogida la legítima , todavía pingüe , aunque mermada por el enojo paternal , Adolfo se hizo cargo de todo y dedicó la mayor parte á sus goces , no sin que muchas veces oyese Elisa reconvenciones duras y alusiones amargas , fundadas en que su padre la había desheredado ó punto menos . La salud de Elisa se resintió : los médicos hablaron de lesiones al corazón , que degeneraban en hidropesía . Como la enferma se agravase , pidió confesor , y por centésima vez se acusó de su delito , la escapatoria fatal . El confesor la mandó que se acusase de pecados de la vida presente , porque Dios no acostumbra recontar los ya perdonados y absueltos . Mas la absolución del cielo no bastaba á Elisa : ya se sabe que Dios es muy bueno ; pero , en cambio , los hombres jamás olvidan ciertas cosas , y la mancha de vergüenza allí está sobre la frente hasta la última hora de vivir ! Con los ojos vidriados de lágrimas , Elisa pidió que viniese Adolfo , y así que le vió á su cabecera , echándole los brazos al cuello , murmuró á su oído : « Alma mía , mi bien , ya sé que no tengo derecho ninguno á pedirte que . . . que no te vuelvas á casar . . . ¡ pero al menos . . . mira , en esta hora solemne . . . perdóname de veras aquello . . . y no me olvides así . . . tan pronto . . . tan pronto ! » Adolfo no contestó ; no obstante , le pareció natural inclinarse y besarla . Y la culpable , dejando caer la cabeza sobre la almohada , espiró contenta . La novia fiel FUÉ sorpresa muy grande para todo Marineda el que se rompiesen las relaciones entre Germán Riaza y Amelia Sirvián . Ni la separación de un matrimonio da margen á tantos comentarios . La gente se había acostumbrado á creer que Germán y Amelia no podían menos de casarse . Nadie se explicó el suceso , ni siquiera el mismo novio . Sólo el confesor de Amelia tuvo la clave del enigma . Lo cierto es que aquellas relaciones contaban ya tan larga fecha , que casi habían ascendido á institución . Diez años de noviazgo no son grano de anís . Amelia era novia de Germán desde el primer baile á que asistió cuando la pusieron de largo .
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