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Al cumplirse , día por día , á corta distancia del Pazo de Lobeira apareció un hombre profundamente dormido ; era el casero de la Condesa ; y los demás labriegos , que le rodeaban esperando á que despertase , quedaron atónitos cuando al volver en sí , á gritos confesó el crimen , á gritos se denunció y á gritos pidió que le llevasen ante la justicia . Hay fenómenos morales que no explica satisfactoriamente ningún raciocinio : la mitad de nuestra alma está sumergida en sombras , y nadie es capaz de presentir qué alimañas saldrían de esa caverna , si nos empeñásemos en registrarla . El aldeano , cuando le preguntaron el móvil de su conducta , afirmó con rústicas razones que no lo sabía ; que una gana irresistible — un volunto , como dicen ahora — le obligó á salir de Portugal y á ver de nuevo el Pazo ; y que al avistarlo , le acometió un sueño letárgico , invencible también , y ya despierto , un ímpetu de confesar , de decir la verdad , de ser castigado — porque sin duda , calculo yo , su endeble alma no podía con el peso del secreto , que impenetrable y tranquila guardaba el alma varonil de doña Magdalena . La prendieron , claro está , y aún se enseña en la cárcel marinedina el negro calabozo donde la Condesa de Lobeira se pudrió muchos meses . . . El casero fue ahorcado ; y para librar á mi bisabuela del patíbulo , empeñóse la hacienda de mi casa . La justicia se comió con apetito tan sabrosa breva , y nuestra decadencia viene de ahí . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Alcé los ojos y busqué los del retrato . La mirada de doña Magdalena se me figuró más tenaz , más intensa , más dolorosa . El biznieto callaba y suspiraba , como si le oprimiese el corazón el drama ancestral , como si percibiese la humedad de las lágrimas evaporadas hace un siglo . Sara y Agar EXPLÍQUEME usted , — dije al señor de Bernárdez , — una cosa que siempre me infundió curiosidad . ¿ Por qué en su sala tiene usted , bajo marcos gemelos , los retratos de su difunta esposa y de un niño desconocido , que según usted asegura , ni es hijo , ni sobrino , ni nada de ella ? ¿ De quién es otra fotografía de mujer , colocada enfrente , sobre el piano . . . ? ¿ no sabe usted ? ¿ una mujer joven , agraciada , con flecos de ricillos á la frente ? El sexagenario parpadeó , se detuvo , y un matiz rosa cruzó por sus mustias mejillas . Como íbamos subiendo un repecho de la carretera , lo atribuí á cansancio y le ofrecí el brazo , animándole á continuar el paseo , tan conveniente para su salud ; como que , si no paseaba , solía acostarse sin cenar y dormir mal y poco . Hizo seña con la mano de que podía seguir la caminata , y anduvimos unos cien pasos más , en silencio . Al llegar al pie de la iglesia , un banco , tibio aún del sol y bien situado para dominar el paisaje , nos tentó , y á un mismo tiempo nos dirigimos hacia él . Apenas hubo reposado y respirado un poco Bernárdez , se hizo cargo de mi pregunta .
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