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Al hablar así , el doctor miraba afanosamente al Marqués , clavándole en el rostro , y mejor aún en el espíritu , sus ojos interrogadores y desengañados de hombre que ha presenciado en este pícaro mundo muchas miserias ; y al notar que el Marqués no contestaba y se volvía tan pálido como si ya le estuviesen extrayendo de las venas la sangre que le pedía de limosna el amor , el médico se encogió de hombros murmurando vagamente : — Pero es difícil . . . muy difícil . Hay que renunciar á esa esperanza . En aquel punto mismo se levantó una mujer que permanecía acurrucada á los pies del lecho de la moribunda , y sencillamente , presentando su brazo izquierdo desnudo , blanco , grueso , surcado de venas azules , exclamó : — Ahí tiene , señor . . . ahí tiene . . . Sangre no me falta , y sana estoy como las propias manzanas en el árbol . . . Ahí tiene , y ojalá que la sangre de una pobre aldeana sirva para resucitar á la señora . Ni un minuto tardó el doctor en aceptar la oferta de Luisilla . Aplicando la cánula , sangró copiosamente el recio brazo , pues se necesitaba mucha , mucha sangre , setecientos gramos , para reparar las pérdidas sufridas . La muchacha , sonriente , no pestañeaba , repitiendo á cada paso : — Saque , señor ; tengo yo la mar de sangre buena que ofrecer á mi ama . El Marqués había huído de la habitación . Cuando la sutil jeringuilla empezó á inyectar el precioso licor en el cuerpo de la agonizante , y ésta á notar el calor delicioso que de las venas pasaba al corazón reanimándolo ; cuando su rostro de mármol se coloreó y sus ojos se abrieron lentamente , lo primero que buscaron fué al amado , á la mitad de su ser , pues había comprendido al revivir que alguien la daba su sangre en compensación de la que había perdido , y creía que sólo podía ser él , el esposo , el compañero , el adorado , el ídolo de su alma . Y al no encontrarle ; al ver á Luisa , á quien vendaban y á quien hacían beber , para reanimarla del desfallecimiento , café puro , la esposa comprendió , y volvió á cerrar los ojos , como si aspirase al desmayo del cual solo se despierta en los brazos de la muerte . . . Apenas pudo ponerse en camino , María partió sin más compañera que la aldeanita , cuya humilde sangre llevaba en las venas y á quien debía el existir . Todas las gestiones del Marqués de Alcalá se estrellaron contra la invencible repugnancia , ó más bien el horror de su mujer . Demasiado altiva para buscar consuelo de aquel desengaño , vivió con Luisilla , haciendo caridades y llorando á solas muchas veces , — sobre todo en Pascua de Resurrección , cuando la implacable naturaleza reflorecía . Consuelo TEODORO iba á casarse perdidamente enamorado . Su novia y él aprovechaban hasta los segundos para tortolear y apurar esa dulce comunicación que exalta el amor por medio de la esperanza próxima á realizarse . La boda sería en Mayo , si no se atravesaba ningún obstáculo en el camino de la felicidad de los novios . Pero al acercarse la concertada fecha se atravesó uno terrible : Teodoro entró en sorteo de oficiales , y la suerte le fué adversa : le reclamaba la patria .
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