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En aquel momento solemne , al verlo realzado por el denso raso del vestido , me pareció que la delicadísima labor significaba una promesa de ventura , y que su tejido tan frágil y á la vez tan resistente prendía en sutiles mallas dos corazones . Este sueño me fascinaba cuando eché á andar hacia el salón , en cuya puerta me esperaba mi novio . Al precipitarme para saludarle llena de alegría , por última vez antes de pertenecerle en alma y cuerpo , el encaje se enganchó en un hierro de la puerta , con tan mala suerte , que al quererme soltar oí el ruido peculiar del desgarrón , y pude ver que un girón del magnífico adorno colgaba sobre la falda . Sólo que también vi otra cosa : la cara de Bernardo , contraída y desfigurada por el enojo más vivo ; sus pupilas chispeantes , su boca entreabierta ya para proferir la reconvención y la injuria . . . No llegó á tanto , porque se encontró rodeado de gente ; pero en aquel instante fugaz se alzó un telón y detrás apareció desnuda un alma . Debí de inmutarme ; por fortuna , el tul de mi velo me cubría el rostro . En mi interior algo crujía y se despedazaba , y el júbilo con que atravesé el umbral del salón se cambió en horror profundo . Bernardo se me aparecía siempre con aquella expresión de ira , dureza y menosprecio que acababa de sorprender en su rostro ; esta convicción se apoderó de mí , y con ella vino otra : la de que no podía , la de que no quería entregarme á tal hombre , ni entonces , ni jamás . . . Y , sin embargo , fui acercándome al altar , me arrodillé , escuché las exhortaciones del Obispo . . . Pero cuando me preguntaron , la verdad me saltó á los labios , impetuosa , terrible . . . Aquel no brotaba sin proponérmelo ; me lo decía á mí propia . . . ¡ para que lo oyesen todos ! — ¿ Y por qué no declaró usted el verdadero motivo , cuando tantos comentarios se hicieron ? — Lo repito : por su misma sencillez . . . No se hubiesen convencido jamás . Preferí dejar creer que había razones de esas que llaman serias . . . Martina HIJA única de cariñosos padres que la habían criado con blandura , sin un regaño ni un castigo , Martina fué la alegría del honrado hogar donde nació y creció . Cuando se puso de largo , la gente empezó á decir que era bonita , y la madre , llena de inocente vanidad , se esmeró en componerla y adornarla para que resaltase su hermosura virginal y fresca . En el teatro , en los bailes , en el paseo de las tardes de invierno y de las veraniegas noches , Martina , vestida al pico de la moda y con atavíos siempre finos y graciosos , gustaba y rayaba en primera línea entre las señoritas de Marineda . Se alababa también su juicio , su viveza , su agrado , que no era coquetismo , y su alegría , tan natural como el canto en las aves . Una atmósfera de simpatía dulcificaba su vivir . Creía que todos eran buenos , porque todos le hablaban con benevolencia en los ojos y mieles en la boca .
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