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Se ha quedado fijo en mi imaginación , con líneas y colores indelebles , el interior de aquella mezquina pieza , bañada por la copiosa luz que entraba por una ventana abierta á la calle . Cubrían las paredes desiguales estampas de vírgenes y santos . Dos ó tres cofres viejos y forrados de piel de cabra ocupaban un testero . Veíase en otro ropa de mujer colgada de clavos y alcayatas , y una cama altísima de humilde aspecto , aún con las sábanas revueltas . En la ventana había tres grandes tiestos con yerbas ; y parapetadas tras ellos , dirigiendo por los huecos la rencorosa visual de su puntería , dos mujeres hacían fuego sobre los franceses que ya ocupaban la brecha . Tenían dos fusiles . Una cargaba y otra disparaba ; agachábase la fusilera para enfilar el cañón entre los tiestos , y suelto el tiro , alzaba la cabeza por sobre las matas para mirar al campo de batalla . — ¡ Manuela Sancho — exclamé poniendo la mano sobre el hombro de la heróica muchacha , — toda resistencia es inútil ! Retirémonos . La casa inmediata es destruída por las baterías de San José , y en el techo de ésta empiezan á caer las balas . Vámonos . Pero no hacía caso , y seguía disparando . Al fin la casa , que era débil como la vecina , y aún menos que ésta podía resistir al choque de los proyectiles , experimentó una fuerte sacudida , cual si temblara la tierra en que arraigaban sus cimientos . Manuela Sancho arrojó el fusil . Ella y la mujer que le acompañaba penetraron precipitadamente en una inmediata alcoba , de cuyo obscuro recinto sentí salir angustiosas lamentaciones . Al entrar , vimos que las dos muchachas abrazaban á una anciana tullida que , en su pavor , quería arrojarse del lecho . — Madre , esto no es nada — le dijo Manuela cubriéndola con lo primero que encontró á mano . — Vámonos á la calle , que la casa parece que se quiere caer . La anciana no hablaba , no podía hablar . Tomáronla en brazos las dos mozas ; mas nosotros la recogimos en los nuestros , encargando á ellas que llevaran nuestros fusiles y la ropa que pudieran salvar . De este modo pasamos á un patio , que nos dió salida á otra calle , donde aún no había llegado el fuego . XVIII Los franceses habíanse apoderado también de la batería de los Mártires , y en aquella misma tarde fueron dueños de las ruínas de Santa Engracia y del Convento de Trinitarios . ¿ Se concibe que continúe la resistencia de una plaza después de perdido lo más importante de su circuito ? No : no se concibe , ni en las previsiones del arte militar ha entrado nunca que , apoderado el enemigo de la muralla por la superioridad incontrastable de su fuerza material , ofrezcan las casas nuevas líneas de fortificaciones , improvisadas por la iniciativa de cada vecino ; no se concibe que tomada una casa sea preciso organizar un verdadero plan de sitio para tomar la inmediata , empleando la zapa , la mina y ataques parciales á la bayoneta , desarrollando contra un tabique ingeniosa estratagema ; no se concibe que tomada una acera sea preciso , para pasar á la de enfrente , poner en ejecución las teorías de Vauban , y que para saltar un arroyo sea preciso hacer paralelas , zigs - zags y caminos cubiertos .
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