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Ocupaban los franceses la iglesia y también parte de los altos del Convento . A pesar de nuestra desfavorable posición en el claustro bajo , estábamos resueltos á seguir resistiendo , y traíamos á la memoria la heróica conducta de los voluntarios de Huesca , que defendieron las Mónicas hasta quedar sepultados bajo sus escombros . Estábamos delirantes , ebrios ; nos creíamos ultrajados si no vencíamos , y nos impulsaba á las luchas desesperadas una fuerza secreta , irresistible , que no puedo explicarme sino por la fuerte tensión erectiva del espíritu y una aspiración poderosa hacia lo ideal . Nos contuvo una orden venida de fuera , y que dictó sin duda , en su buen sentido práctico , el general Saint - March . — El Convento no se puede sostener — dijeron . — Antes que sacrificar gente sin provecho alguno para la ciudad , salgan todos á defender los puntos atacados en la calle de Pabostre y Puerta Quemada , por donde el enemigo quiere extenderse , conquistando las casas de que se le ha rechazado varias veces . Salimos , pues , de San Agustín . Cuando pasábamos por la calle del mismo nombre , paralela á la de Palomar , vimos que desde la torre de la iglesia arrojaban granadas de mano sobre los franceses , establecidos en la plazoleta inmediata á la última de aquellas dos vías . ¿ Quién lanzaba aquellos proyectiles desde la torre ? Para decirlo más brevemente y con más elocuencia , abramos la historia y leamos : « En la torre se habían situado y pertrechado siete ú ocho paisanos con víveres y municiones para hostigar al enemigo , y subsistieron verificándolo por unos días sin querer rendirse . » Allí estaba el insigne Pirli . ¡ Oh , Pirli ! Más feliz que el tío Garcés , tú ocupas un lugar en la historia . XXIII Incorporados al batallón de Extremadura , se nos llevó por la calle de Palomar hasta la plaza de la Magdalena , desde donde oímos fuerte estrépito de combate hacia el extremo de la calle de Puerta Quemada . Como nos habían dicho , el enemigo procuraba extenderse por la calle de Pabostre para apoderarse de Puerta Quemada , punto importantísimo que le permitía enfilar con su artillería la calle del mismo nombre hasta la plaza de la Magdalena ; y como la posesión de San Agustín y las Mónicas les permitía amenazar aquel punto céntrico por el fácil tránsito de la calle de Palomar , ya se conceptuaban dueños del arrabal . En efecto : si los de San Agustín lograban avanzar hasta las ruínas del Seminario , y los de la calle de Pabostre hasta Puerta Quemada , era imposible disputar á los franceses el barrio de Tenerías . Después de una breve espera , nos llevaron á la calle de Pabostre ; y como la lucha era combinada entre el interior de los edificios y la vía pública , entramos por la calle de los Viejos á la primera manzana . Desde las ventanas de la casa en que nos situaron no se veía más que humo , y apenas podíamos hacernos cargo de lo que allí pasaba ; mas luego advertí que la calle estaba llena de zanjas y cortaduras de trecho en trecho , con parapetos de tierra , muebles y escombros .
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