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« ¡ Ah , mujer infeliz ! — añadió el clérigo con solemnidad , levantándose — ; no sólo es usted una bribona , sino una idiota . Todas las enamoradas lo son porque se les seca el entendimiento . Las saca uno del purgatorio del deleite y allá se van otra vez . Tú te lo quieres , pues tú te lo ten . En el Infierno le ajustarán a usted las cuentas . Váyase usted luego allá con sofismas y con zalamerías de amor . . . Esto se acabó . Ni yo tengo que hacer nada con usted , ni usted tiene nada que hacer en esta casa . Cuenta concluida . Al arroyo , hija ; divertirse ; usted sale de aquí , y cuando se vaya , sahumaremos , sí , sahumaremos . . . Perfec . . . tamente » . Esto lo dijo en la puerta y luego se retiró sin añadir una palabra más . Doña Lupe le aguardaba en la sala para saber si había sido más afortunado que ella en la averiguación de la verdad , y allí se estuvieron picoteando un buen rato . Después oyeron ruido , sintieron la voz de Fortunata que hablaba quedito con Patricia , diciéndole quizás cómo y cuándo mandaría a buscar su ropa . Tía y sobrino asomáronse luego a los cristales del balcón y la vieron atravesar la calle presurosa , y doblar la esquina sin dirigir una mirada a la casa que abandonaba para siempre . Nicolás repetía una figura de que estaba satisfecho : « Sahumar , sahumar y sahumar » . Y a propósito de espliego , a él , físicamente , tampoco le vendría mal . . . esto sin ofender a nadie . Madrid . — Mayo de 1886 . FIN DE LA PARTE SEGUNDA Fortunata y Jacinta : ( dos historias de casadas ) por B . Pérez Galdós PARTE TERCERA - I - - II - - III - - IV - - V - - VI - - VII - - I - Costumbres turcas - i - Juan Pablo Rubín no podía vivir sin pasarse la mitad de las horas del día o casi todas ellas en el café . Amoldada su naturaleza a este género de vida , habríase tenido por infeliz si el trabajo o las ocupaciones le obligaran a vivir de otro modo . Era un asesino implacable y reincidente del tiempo , y el único goce de su alma consistía en ver cómo expiraban las horas dando boqueadas , y cómo iban cayendo los periodos de fastidio para no volver a levantarse más . Iba al café al medio día , después de almorzar , y se estaba hasta las cuatro o las cinco . Volvía después de comer , sobre las ocho , y no se retiraba hasta más de media noche o hasta la madrugada , según los casos . Como sus amigos no eran tan constantes , pasaba algunos ratos solo , meditando en problemas graves de política religión o filosofía , contemplando con incierto y soñoliento mirar las escayolas de la escocia , las pinturas ahumadas del techo , los fustes de hierro y las mediascañas doradas . Aquel recinto y aquella atmósfera éranle tan necesarios a la vida , por efecto de la costumbre , que sólo allí se sentía en la plenitud de sus facultades . Hasta la memoria le faltaba fuera del café , y como a veces se olvidara súbitamente en la calle de nombres o de hechos importantes , no se impacientaba por recordar , y decía muy tranquilo : « En el café me acordaré » . En efecto , apenas tomaba asiento en el diván , la influencia estimulante del local dejábase sentir en su organismo . Heridos el olfato y la vista , pronto se iban despertando las facultades espirituales , la memoria se le refrescaba y el entendimiento se le desentumecía . Proporcionábale el café las sensaciones íntimas que son propias del hogar doméstico , y al entrar le sonreían todos los objetos , como si fueran suyos . Las personas que allí viera constantemente , los mozos y el encargado , ciertos parroquianos fijos , se le representaban como unidos estrechamente a él por lazos de familia . Hasta con la jorobadita que vendía en la puerta fósforos y periódicos tenía cierto parentesco espiritual .
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