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El caporal choteaba baladrón , por divertir y asegurar a su gente . Vino del fondo la comadre , con el crío sobre el anca , la greña tendida por el hombro , sumisa y descalza : — Podes catear todos los rincones . Se ha mudado ese atorrante , y no más dejó que unos guaraches para que los herede el chamaco . — Comadrita , somos baqueanos y entendemos esa soflama . Usted , niña , ha empeñado una tumbaguita perteneciente al Coronel de la Gándara . — Por purita casualidad se ha visto en mi mano . ¡ Un hallazgo ! — Va usted a comparecer en presencia de mi superior jerárquico , Coronel López de Salamanca . Deposite usted esa criatura en tierra y marque el paso . — ¿ La criatura ya podré llevármela ? — La Dirección de Policía no es una Inclusa . — ¿ Y al cargo de quién voy a dejar el chamaco ? — Se hará expediente para mandarlo a la Beneficencia . El crío , metiéndose a gatas por entre los gendarmes , huyó al cenagal . Le gritó afanosa la madre : — ¡ Ruin , ven a mi lado ! El caporal cruzó la puerta del chozo , encañonando la oscuridad : — ¡ Precaución ! Si hay voluntarios para el registro , salgan al frente . ¡ Precaución ! Ese roto es capaz de tirotearnos . ¿ Quién nos garanta que no está oculto ? ¡ Date preso , Cruzado ! No la chingues , que empeoras tu situación . Rodeado de gendarmes , se metía en el chozo , siempre apuntando a los rincones oscuros . IV Practicado el registro , el caporal tornose afuera y puso esposas a la chinita , que suspiraba en la puerta , recogida en burujo , con el fustán echado por la cabeza . La levantó a empellones . El crío , en el pecinal , lloraba rodeado del gruñido de los cerdos . La madre , empujada por los gendarmes , volvía la cabeza con desgarradoras voces : — ¡ Ven ! ¡ No te asustes ! ¡ Ven ! ¡ Corre ! El niño corría un momento , y tornaba a detenerse sobre el camino , llamando a la madre . Un gendarme se volvió , haciéndole miedo , y quedó suspenso , llorando y azotándose la cara . La madre le gritaba , ronca : — ¡ Ven ! ¡ Corre ! Pero el niño no se movía . Detenido sobre la orilla de la acequia sollozaba mirando crecer la distancia que le separaba de la madre . LIBRO QUINTO EL RANCHERO I Filomeno Cuevas y Chino Viejo arriendan los caballos en la puerta de un jacal y se meten por el sombrizo . A poco , dispersos , van llegando otros jinetes rancheros , platas en arneses y jaranos : Eran dueños de fundos vecinos , y secretamente adictos a la causa revolucionaria : Habíales dado el santo para la reunión Filomeno Cuevas . Aquellos compadres ayudábanle en un alijo de armas para levantarse con las peonadas : Un alijo que llevaba algunos días sepultado en Potrero Negrete . Entendía Filomeno que apuraba sacarlo de aquel pago y aprovisionar de fusiles y cananas a las glebas de indios . Poco a poco , con meditados espacios , todavía fueron llegando capataces y mayorales , indios baqueanos y boleadores de aquellos fundos . Filomeno Cuevas , con recalmas y chanzas , escribía un listín de los reunidos y se proclamaba partidario de echarse al campo , sin demorarlo . Secretamente , ya tenía determinado para aquella noche armar a sus peones con los fusiles ocultos en el manigual , pero disimulaba el propósito con astuta cautela . Enzarzada polémica , alternativamente oponían sus alarmas los criollos rancheros . Vista la resolución del compadre , se avinieron en ayudarle con caballos , peones y plata , pero ello había de ser en el mayor sigilo , para no condenarse con Tirano Banderas . Dositeo Velasco , que , por más hacendado , había sido de primeras el menos propicio para aventurarse en aquellos azares , con el café y la chicha , acabó enardeciéndose y jurando bravatas contra el Tirano :
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