Пропустити текст статті Натисніть на будь-яке слово, щоб побачити переклад
El caney del amo no tenía paredes ; tabiques de palma dividían los departamentos . Propiamente carecía de puertas , pero sus huecos se tapaban con planchas de « chusque » . Yo no supe en aquel momento a dónde llamar . Por encima de la palmicha que le servía de muro a una alcoba , miré hacia adentro , con sutil sospecha . En una hamaca de floreados flecos fumaba una mujer vestida de encajes . Era la madona Zoraida Ayram . ¡ Y me vio fisgándola ! — ¡ Váquiro ! ¡ Váquiro ! ¡ Aquí hay un hombre ! No hallé qué decir . Me acerqué a la puerta inmediata . La madona tenía en la mano un revólver , pequeñito como un juguete . Mis camaradas estarían observando mis movimientos . El entrar sin sombrero en el barracón era señal de que el capataz estaba presente . Más tardé yo en pensarlo que él en salir de la pieza próxima encapsulando la carabina . — ¿ Qué quiere « busté » ? — Señor , soy Arturo Cova . Gente de paz . La madona , como burlándose de sus nervios , dijo con pintoresca pronunciación , reparando en mí , mientras que guardaba el revólver entre el corpiño : — ¡ Oh , Alá ! ¡ Lleven a ese mugroso a la cocina ! El Váquiro repuso extendiéndome su cuadrada mano . — ¡ Soy Aquiles Vácares , veterano de Venezuela , « guapo » pal plomo y pa cualquier hombre ! Por lo cual murmuré descubriéndome reverente : — ¡ Salud , General ! El Váquiro ocupó su chinchorro del corredor , con la carabina en las piernas . Ordenóme que me sentara en el banco próximo . Quedéme perplejo , pero expliqué mi indecisión con estas razones : — General , ¿ podría ser posible que yo tome asiento al lado de un jefe ? Sus fueros militares me lo prohiben . — Eso sí es verdá . El Váquiro era borracho , bizco , gangoso . Sus bigotes , enemigos del beso y la caricia , se le alborotaban , inexpugnables , sobre la boca , en cuyo interior la caja de dientes se movía desajustada . En su mestizo rostro pedía justicia la cicatriz de algún machetazo , desde la oreja hasta la nariz . Por el escote de su franela irrumpía del pecho un reprimido bosque de vello hirsuto , tan ingrato de emanaciones como abundante en sudor termal . Su cinturón de cuero curtido se daba pretensiones de muestrario bélico : cuchillo , puñal , cápsulas , revólver . Vestía pantalones de kaki sucio y calzaba cotizas sueltas , que , al moverse , le palmoteaban bajo los talones . — ¿ Cómo hizo busté para adivinar los grados que tengo ? — Un veterano tan eminente debe haber recorrido el escalafón . — ¿ El qué ? — El escalafón . — Dígame : ¿ y en Colombia suena mi nombre ? — ¿ Quién no ha oído nombrar al « valiente Aquiles » ? — Eso sí es verdá . — ¡ Paladín homérida ! — Le advierto que no soy de Mérida sino de Coro . En ese momento , en grupo acezante , aparecieron mis camaradas , desarmados , en la extremidad del corredor . El Váquiro , sospechoso , se mantuvo en pie . Hice una modesta presentación . — Señor General , éstos son compañeros míos . Los tres , sin acercarse , murmuraron confusos : — ¡ Señor General ! . . . ¡ Señor General ! Comprendí que era tiempo de improvisar un discurso lírico para que el Váquiro se calmara . Tergiversé las instrucciones de don Clemente . Pronto adquirió mi lengua un tono irresistible de convicción . Yo mismo me admiraba de mi inventiva , riendo , por dentro , de mi propia solemnidad . Eramos barraqueros del río Vaupés y residíamos en una zona equidistante de Calamar y de la confluencia del Itilla y el Unilla . Trabajábamos en mañoco , siringa y tagua . Teníamos en Manaos un cliente espléndido , la casa Rosas , en cuyo poder me quedaba un ahorro de unas mil libras , que representaba mi trabajo de penosos meses como productor y comisionista .
Назад Сторінка 123 з 159 Сторінка 123 з 159 Вперед Читайте далі з перекладом Створіть безкоштовний акаунт: 7 днів Pro, далі 20 перекладів слів на день або платний тариф.