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Mujer al cabo Lucía , y nuevos para ella tales primores , más de una vez , como la Margarita de Fausto , se colgó ante un espejillo los preciosos dijes , complaciéndose en sacudir la cabeza a fin de que fulgurasen los resplandores de los pendientes y las flores de pedrería salpicadas por el obscuro cabello . En esto se solazan las mujeres cuando son niñas , y todavía muchísimo tiempo después de dejar de serlo . Pero Lucía no era niña para siempre . - III - Seguía corriendo el tren , y la desposada no lloraba ya . Apenas se advertían en su rostro huellas de llanto , ni sus párpados estaban enrojecidos . Así acontece con las lágrimas que vertemos por las primeras penillas de la vida : llanto sin amargura , rocío leve , que antes refresca que abrasa . Comenzaban a entretenerla las estaciones y la gente que se asomaba curiosa a la portezuela , escudriñando el interior del departamento . Llovía preguntas sobre Miranda , el cual daba pormenores de todo , esmerándose en divertirla , y entreverando con las explicaciones alguna terneza , que la niña escuchaba sin turbarse , pareciéndole naturalísimo que el esposo mostrase afecto a la esposa , sin que el más leve oscilar de su corpiño delatara la dulce confusión que el amor despierta . Hallábase ya en su centro Miranda , habiendo cesado los lloros y reaparecido el buen humor y el temple normal del ánimo . Satisfecho de tal resultado , hasta bendecía interiormente a una de sus causas , una vejezuela que con enorme banasta al brazo se coló en el departamento algunas estaciones antes de Palencia , y cuya grotesca facha ayudó a llamar la sonrisa a los labios de Lucía . Al llegar a Palencia , dejolos la vejezuela y subió un hombre grave , decentemente vestido , silencioso . — Se parece a papá — dijo Lucía en voz baja a Miranda — . ¡ Pobrecillo ! — Y esta vez sólo un suspiro pagó la deuda del amor filial . Caía ya la noche ; andaba el tren lentamente , como si temblase de pavor al confiarse a los raíles , y observó Miranda que llevaba notable retraso . — Llegaremos a Venta de Baños — pronunció volviendo la hoja del Indicador — mucho más tarde de lo que se acostumbra . — Y en Venta de Baños . . . — interrogó Lucía . — Podemos cenar . . . si nos dan tiempo . En circunstancias ordinarias , no sólo se cena , sino que hasta se descansa un rato , esperando el otro tren , el expreso , el que ha de llevarnos a Francia . — ¡ A Francia ! ( Lucía palmoteó como si escuchase nueva inesperada y gratísima . ) Reflexionando después , añadió en voz grave — : Pues lo que es yo tengo ganas de cenar . — Cenaremos , cenaremos : al menos para cenar espero que nos alcanzará el rato que dure la parada . . . . ¿ Hay apetito , eh ? Ello es que . . . que tú no has probado casi nada hoy . . . . — Con la prisa y el ahogo . . . y atender a que sirviesen bien los chocolates . . . y la pena de dejar al pobre papá , y de verle tan alicaído . . . y también . . . . — ¿ Qué más ?
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