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De un reloj se oía Compasado el péndulo , Y de algunos cirios El chisporroteo . Tan medroso y triste , Tan oscuro y yerto Todo se encontraba . . . Que pensé un momento : « ¡ Dios mío , qué solos se quedan los muertos ! ! » De la alta campana La lengua de hierro , Le dió , volteando , Su adiós lastimero . El luto en las ropas , Amigos y deudos Cruzaron en fila , Formando el cortejo . Del último asilo , Oscuro y estrecho , Abrió la piqueta El nicho á un extremo . Allí la acostaron , Tapiarónle luego , Y con un saludo Despidióse el duelo . La piqueta al hombro , El sepulturero Cantando entre dientes Se perdió á lo lejos . La noche se entraba , Reinaba el silencio ; Perdido en las sombras , Medité un momento : « ¡ Dios mío , qué solos se quedan los muertos ! ! » En las largas noches Del helado invierno , Cuando las maderas Crujir hace el viento Y azota los vidrios El fuerte aguacero , De la pobre niña A solas me acuerdo . Allí cae la lluvia Con un són eterno ; Allí la combate El soplo del cierzo . Del húmedo muro Tendida en el hueco , Acaso de frío Se hielan sus huesos ! . . . . . . . . . . . . . . ¿ Vuelve el polvo al polvo ? ¿ Vuela el alma al cielo ? ¿ Todo es vil materia , Podredumbre y cieno ? ¡ No sé ; pero hay algo Que explicar no puedo Que al par nos infunde Repugnancia y duelo , Al dejar tan tristes , Tan solos los muertos ! LXXIV Las ropas desceñidas , Desnudas las espadas , En el dintel de oro de la puerta Dos ángeles velaban . Me aproximé á los hierros Que defienden la entrada , Y de las dobles rejas en el fondo La ví confusa y blanca . La ví como la imagen Que en leve ensueño pasa , Como rayo de luz , ténue y difuso , Que entre tinieblas nada . Me sentí de un ardiente Deseo llena el alma : ¡ Como atrae un abismo , aquel misterio Hacia sí me arrastraba ! Mas ¡ ay ! que de los ángeles Parecían decirme las miradas : — ¡ El umbral de esta puerta Sólo Dios lo traspasa ! LXXV ¿ Será verdad que cuando toca el sueño Con sus dedos de rosa nuestros ojos De la cárcel que habita huye el espíritu En vuelo presuroso ? ¿ Será verdad que , huésped de las nieblas , De la brisa nocturna al ténue soplo , Alado sube á la región vacía A encontrarse con otros ? ¿ Y allí , desnudo de la humana forma , Allí , los lazos terrenales rotos , Breves horas habita de la idea El mundo silencioso ? ¿ Y ríe y llora y aborrece y ama , Y guarda un rastro del dolor y el gozo , Semejante al que deja cuando cruza El cielo un meteoro ? ¡ Yo no sé si ese mundo de visiones Vive fuera , ó va dentro de nosotros ; Pero sé que conozco á muchas gentes A quienes no conozco . LXXVI En la imponente nave Del templo bizantino , Ví la gótica tumba , á la indecisa Luz que temblaba en los pintados vidrios . Las manos sobre el pecho , Y en las manos un libro , Una mujer hermosa reposaba Sobre la urna , del cincel prodigio .
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