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¿ No era harto justificable el placer que experimentaba Andresillo viendo tales cosas en aquella pobrísima morada ? ¿ No era el bienestar que reinaba en ella , alrededor de Silda , obra suya , hasta cierto punto ? ¿ Quién , sino él , había cogido á la desamparada criatura en medio del arroyo , y la había puesto en camino de llegar hasta donde había llegado ? Que no pensara Tolín en apartarle de la bodega de la calle Alta , porque eso ni podía ni debía hacerlo él , aun sin lo mucho que le tiraban hacia allá sus aficiones marineras , los relatos del campechano tío Mechelín y las cariñosas deferencias de la tía Sidora . XI LA FAMILIA DE DON VENANCIO , DOS PUNTAPIÉS , UN BOTÓN DE ASA Y UN MOTE No tomaba con tanto calor el asunto de la letra inglesa y del repaso de cuentas ; pero no le desatendía . Su madre pedía á menudo informes al maestro , y éste se los daba bastante buenos ; su padre , descansando en el interés que su mujer tenía en que Andrés navegara en popa por sus nuevos derroteros , sólo se ocupaba en los últimos menesteres para la habilitación de su barco , próximo á dar la vela para la Isla de Cuba ; don Venancio parecía complacerse mucho en ver tan unidos á su hijo y al del capitán ; y hasta la encopetada señora del comerciante había dado algún testimonio ( no se sabe si espontáneo ó aconsejado por su marido ) de que no le desagradaba el nuevo camarada de Tolín . Al llegarse éste una tarde á merendar , muy de prisa , porque le aguardaba Andrés en el portal , le dijo su madre : — Dile que suba á merendar contigo . Y subió el hijo de Bitadura , después de hacerse rogar mucho , no de ceremonia , sino porque verdaderamente le imponían y amedrentaban más una señora y una casa como las de don Venancio Liencres , que la lucha , solo y á remo , contra el tiro de la corriente en mitad de la canal . Por eso entró algo acobardado , y también porque , no contando con aquel compromiso , llevaba los borceguíes sin correas , la camisa de cuatro días , un siete en una rodillera y el pellejo muy poroso , por haber bajado de una sola cataplera desde la calle Alta al portal de Tolín . La señora de don Venancio Liencres era uno de los ejemplares más netos de las Muzibarrenas santanderinas de entonces . Hocico de asco , mirada altiva , cuatro monosílabos entre dientes , mucho lujo en la calle , percal de á tres reales en casa , mala letra y ni pizca de ortografía . De estirpe , no se hable : la más vanidosa , en cuanto se empinaba un poco sobre los pies , columbraba el azadón , ó el escoplo . . . ó el tirapié de las mocedades de su padre . . . ¡ Ah . . . los pobres hombres ! ¡ Y cómo las atormentaban , sin querer , cuando , ya encanecidos , se gloriaban , coram pópulo y de ellas , de haber sido lo que fueron antes de ser lo que eran ! ¡ Groserotes !
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