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Entre tanto , Cafetera , Pipa y Michero estaban en la Carraca , purgando la equivocación de tomar por objeto de lícito raqueo un cronómetro de bolsillo , perteneciente á un barco atracado al Paredón de la Dársena , é imperaba en el Muelle - Anaos otra generación de raqueros , capitaneada por cierto Runflas y un tal Cambrios , fatalmente destinados á recoger las llaves de aquel memorable holgadero ; porque ya algún trozo de la escollera de Maliaño comenzaba á asomar el lomo por encima de las más altas mareas , con espanto de las bogas que huían de aquellas playas , sabe Dios á dónde , para no volver más á colmar con sus rebaños las barquías de los pescadores santanderinos ; los terraplenes del ferrocarril llegaban á mucho andar y amenazaban ya al mismo Muelle de las Naos por la casa de baños de Calderón , desde cuyos balcones , los que esperaban turno para zambullirse en las marmóreas pilas , entretenían sus impaciencias escupiendo por última vez sobre el agua del mar que lamía las paredes del edificio por aquella fachada y la del Nordeste , y golpeaba á menudo las repisas ; porque se barruntaba la locomotora asomando por la peña del Cuervo , tendidas al aire sus largas , serpeantes y blanquecinas guedejas , conduciendo en sus entrañas de fuego los gérmenes de una nueva vida , y barriendo al pasar los usos y costumbres que habían imperado aquí durante tantos , tantísimos años de un no interrumpido y patriarcal sosiego , y al Cabildo de Arriba sólo le quedaba una charca para fondear sus embarcaciones , y un boquete en el terraplén para sacarlas á bahía . En la misma calle Alta se habían sustituído más de tres de sus edificios vetustos con otros tantos flamantes de balcones de hierro y paredes blancas ; y allí se estaban , opresos y reventando , y haciendo tan triste papel como los dientes de porcelana en una dentadura podrida . Para el castizo gremio de pescadores , todas estas cosas eran motivo de serias cavilaciones y barruntos de un temporal deshecho que se les iba encima ; pero se anticipaban á capearle , dando la cara á otro viento y haciendo como que no veían el peligro ; no hablando una palabra de él , y extremando su añeja costumbre de vivir encerrados en sus conchas , sin tratos con lo terrestre y sin ver ni saber más de positivo del centro de la población , que de la cueva del Ojáncano ó de las « Serenitas del mar . » Y de todo ello y mucho más tenían la culpa aquellas « aventuras de loco , » de que nos hablaba don Venancio Liencres , incrédulo y asombrado , y en las cuales se había ido metiendo hasta el cogote el comercio santanderino . . . ¡ Mayor pobre hombre ! . . . XIII LA ÓRBITA DE ANDRÉS Bastó con que le buscaran con arte las cosquillas de sus debilidades , para ser el primero en acudir á las juntas preparatorias , y el primero en hablar en ellas para ponderar las ventajas incalculables de la atrevida empresa , y no de los últimos entre los principales accionistas , y de los más apasionados en la memorable batalla que se libró más tarde sobre si el camino había de ir por la derecha ó por la izquierda ; y hasta se presume que metió una vez la pluma en El Despertador Montañés , para contestar á ciertas agresiones embozadas que creyó ver en El Espíritu del Siglo , cuando estos dos periódicos , órganos respectivos de los dos bandos beligerantes , andaban tirándose los trastos á la cabeza .
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