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¡ Pensar que él gastara sus ahorros en atavíos de sociedad y de paseo ! . . . Si le fueron insufribles estos lugares cuando había clases y categorías , ¿ qué habían de parecerle cuando , desde la introducción de los vapores y de la legión de ingleses traída por Mould á Santander para acometer las obras del ferrocarril , ya podía un mozuelo imberbe salir á la plaza con sombrero de copa alta , sin temor de que se le derribaran de la cabeza á tronchazos ; andaban por la calle , vestidos de señores , los marinos de la Berrona , sin la menor señal externa de lo que habían sido todos ellos cinco años antes ; y Ligo y Sama y Madruga y otros tales , si bien marinos todavía por dentro , y violentándose mucho para no descubrir la hilaza al hablar , mientras andaban por acá iban al Suizo á tomar sorbete , después de haber paseado en la Alameda con levita ceñida y sombrero de copa ; y chapurreaban el inglés los chicos de la calle para jugar á las canicas con los rubicundos rapaces de la « soberbia Albión ; » y habían caído los paradores de Becedo , y estaba denunciada la casa de Isidro Cortes , entre las dos Alamedas , y en capilla , para ser terraplenada , la dársena chica , y á medio rellenar la Maruca . . . y , en fin , que toda carne había corrompido ya su camino , y estaba la población , de punta á cabo , hecha una indignidad de mezcolanzas descoloridas y de confusiones intraducibles ! Quedárase todo ello para su amigo Tolín , que no perdía paseo en las Alamedas , muy soplado de sombrero alto , guantes de cabritilla y bastón de retorcida ballena , y miraba tierno á todas las hijas de los comerciantes ricos ; y aun para su mismo padre , don Venancio Liencres , y otros tales , que desde aquellas juntas de pudientes padecían tales pujos de publicidad y de elocuencia mercantil , que ni paraban en casa ni cerraban boca en todo el santo día de Dios . ¡ Si , bien apurado el asunto , Andrés y otra media docena escasa de valientes , tan apegados como él al tufillo alquitranado y á los placeres marítimos , eran los únicos ejemplares que sobrevivían de aquella raza de anfibios , que pocos años antes lo llenaban todo en el pueblo é imprimía carácter á su juventud ! * * * * * Así estaban las personas , las cosas y los lugares de esta puntual historia , cuando Muergo y el hijo de Mocejón se dieron aquella mano de morrás en el portal de Sotileza . XV EL PAÑO DE LÁGRIMAS El pobre Cleto andaba , andaba , calle arriba y calle abajo ; del Paredón al portal , del portal al Paredón , diciéndose al comienzo de cada subida « de esta vez entro ; » y llegaba junto á la puerta , y no entraba . . . y vuelta hacia el Paredón ; y siempre con aquel clavo roñoso adentro , que se le hundía en lo más dolorido del pecho á cada paso que daba . Y aquel clavo era Muergo y el considerar que si había de echarle de la bodega para siempre á fuerza de bofetadas , con lo necio y lo forzudo que el monstruo era , ya tenía campaña para rato ; y si al fin de ella , suponiendo que la campaña tuviera fin , resultaba que le cerraban la puerta á él por lo mismo que había tratado de barrerla de aquel modo , ¡ lucida era la recompensa que obtenía por su empeño !
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