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¿ Y Andrés ? ¡ Qué papel el suyo . . . y qué castigo de su ligereza ! No pasó del portal . Desde allí observó que la curiosidad de todos estaba saciándose en lo que hacía y decía Sotileza , y que para nada se acordaba de él ; y en cuanto se revolvió el grupo que tenía enfrente para arrollar á Carpia , y se llevó detrás todas las miradas de la gente de la calle , convencido además de que ningún riesgo material corría ya la víctima de sus imprudencias , salió del portal y se fué deslizando , como á la disimulada , acera abajo , hasta llegar á la cuesta del Hospital , donde respiró con desahogo , dió dos recias patadas en el suelo , apretó los puños y aceleró su marcha , como si le persiguieran garfios acerados para detenerle . Bajando á la Ribera por el Puente , vió á tía Sidora , que subía por la calle de Somorrostro con otra marinera , detenerse de pronto para dar una risotada de aquéllas suyas , con temblores de pecho y de barriga . Aquella risotada fué un azote para la cara de Andrés , y una tenaza para su conciencia . Apretó el paso más todavía , y así anduvo , sin saber por dónde , hasta la hora de comer ; y entonces se metió en su casa , sin atreverse á medir con la imaginación toda la resonancia que podía llegar á tener aquel suceso , cuyos detalles , estampados á fuego en su memoria , le enrojecían el rostro de vergüenza . XXIV FRUTOS DE AQUEL ESCÁNDALO ¡ Si tuvo resonancia el caso ! ¿ Cómo no había de tenerla con aquel aparato , á aquellas horas , siendo Andrés quien era , y su cómplice tan afamada en el barrio , y aun fuera del barrio , y la ciudad tan pequeña todavía ! Se supo todo , todo , y muchísimo más ; porque la imaginación del vulgo es fecundísima en supuestos , y la frescura de las gentes imperturbable en acreditarlos con grandes visos de verdad ; y se dijo . . . ¿ quién es capaz de saber lo que se dijo , y cómo fué rodando la bola de nieve , y creciendo , creciendo , hasta que pudieron verla los más ciegos y percibir los más sordos sus crujidos ? Don Pedro Colindres frecuentaba muchos centros cuya miga era el tufillo alquitranado . Allí toda la concurrencia de tertulianos era de gentes de su profesión ; y entre estas gentes andaba , con más calor que entre otras , rodando lo cierto y lo imaginado sobre el fresquísimo suceso de la calle Alta . Nadie fué tan imprudente que relatara la historia con pelos y señales al padre del protagonista de ella ; pero el capitán , con los desperdicios de tantas conversaciones sobre el mismo tema , cortadas de pronto al acercarse él á los relatantes , fué poco á poco acumulando recelos que , con los precedentes que ya tenía , imbuídos por su mujer , llegaron á producirle muy serias inquietudes . La capitana las tuvo insoportables antes que él ; porque las amigas que se le acercaron , recién atiborradas de aquellas noticias , fueron menos prudentes que los amigos del capitán , y dejáronla , con el escozor de las presunciones , á dos dedos de la verdad . Lo poco que faltaba hasta dar con ella , lo llevaba escrito Andrés en su azoramiento nervioso , en su aire distraído , en su desazón alarmante .
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