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— Mira : en cuanto venga al escritorio , le llamas aparte ; y solos allí los dos . . . comienzas á hablarle , y después . . . ¡ caramba ! si fuera yo , bien pronto se lo diría como deben decirse esas cosas . . . — Y aunque todo saliera como deseas , tarambana del mismo diablo , ¿ sabes tú la cara que pondría mamá ? — Eso corre de mi cuenta , Tolín . ¡ Pues podía desaprobarlo ! ¡ Un partido tan hermoso para mí ! . . . Tú no te apures por eso , y cuídate de lo otro . — En fin — dijo el abrumado mozo , acaso para verse libre por entonces de un asedio tan tenaz , — haré todo lo posible por complacerte . — Es que hay que hacer — insistió Luisa sin cejar un punto , — no solamente lo posible , sino todo lo que sea necesario . . . Y si esto se hace ó no se hace , he de saberlo yo mañana por la noche , cuando venga Andrés aquí . . . porque tú harás , discretamente , que venga sin falta . . . ¿ lo entiendes bien ? . . . ¡ sin falta ! No había escape para Tolín ; porque sabía muy bien que , en un carácter como el de su hermana , todo estruendo era creíble como se le metiera el antojo entre los cascos . Comprendió que hasta para evitar campanadas más ruidosas era de necesidad cumplir con empeño la peliaguda comisión , y á cumplirla así se obligó con su hermana . Luégo que ésta se convenció de que la promesa de Tolín no era un vano recurso para salir del paso , trocáronse sus denuestos en arrullos ; encendió su bujía , se despidió con un ferventísimo « adiós , » abrió la puerta con mucho cuidado ; y de puntillas , y más bien deslizándose que pisando , llegó en un instante á su dormitorio y se encerró en él , si no libre de inquietudes , con el ánimo más reposado después del desahogo que acababa de dar á su berrinche . En cambio Tolín , que se había levantado de la mesa con el espíritu hecho una balsa de aceite , no pudo atrapar el sueño hasta bien cerca de la madrugada . ¡ El demonio de la chiquilla ! . . . XXVIII LA MÁS GRAVE DE TODAS LAS CONSECUENCIAS Todavía resonaban hacia la calle de la Mar los gritos de ¡ apuyáaa ! ¡ apuyáaa ! con que el deputao del Cabildo de Abajo despertaba á los mareantes recorriendo las calles en que habitaban , y aún no habían llegado los más diligentes de ellos á la Zanguina para tomar la parva de aguardiente ó el tazón de cascarilla , cuando ya Andrés , dolorido de huesos y harto desmayado de espíritu , salía de los Arcos de Hacha , atravesaba la bocacalle frontera y entraba en el Muelle buscando la Rampa Larga . Eran apenas las cinco de la mañana , y no había otra luz que la tenue claridad del horizonte , precursora del crepúsculo , ni se notaban otros ruidos que el de sus propios pasos , el de las voces de algún muchacho de lancha , ó el de los remos que éstos movían sobre los bancos . La negra silueta del aburrido sereno que se retiraba á su hogar dando por terminado su penoso servicio , ó el confuso perfil del encogido bracero á quien arrojaba del pobre lecho la dura necesidad de ganarse el incierto desayuno , eran los únicos objetos que la vista percibía en toda la extensión del Muelle , descollando sobre la blanca superficie de su empedrado .
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