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Y la ola pasó también , sin reventar , hacia las Quebrantas , y la lancha comenzó á deslizarse por la pendiente de un nuevo abismo . Pero aquel abismo era la salvación de todos , porque habían doblado la punta de la Cerda y estaban en puerto seguro . En el mismo instante , cuando Andrés , conmovido y anheloso , se echaba atrás los cabellos y se enjugaba el agua que corría por su rostro , una voz , con un acento que no se puede describir , gritó desde lo alto de la Cerda : — ¡ Hijo ! . . . ¡ Hijo ! Andrés , estremeciéndose , alzó la cabeza ; y , delante de una muchedumbre estupefacta , vió á su padre con los brazos abiertos , el sombrero en la mano , y la espesa y blanca cabellera revuelta por el aire de la tempestad . Aquella emoción suprema acabó con las fuerzas de su espíritu ; y el escarmentado mozo , plegando su cuerpo sobre el tabladillo de la chopa , y escondiendo su cara entre las manos trémulas , rompió á llorar como un niño , mientras la lancha se columpiaba en las ampollas colosales de la resaca , y los fatigados remeros daban el necesario respiro á sus pechos jadeantes . * * * * * Al mismo tiempo , en medio de las brumas de enfrente , un pobre patache , abandonado ya , barrida su cubierta , desgarradas sus lonas , tremolando al viento su cordaje deshilado , entre tumbos espantosos y cabezadas locas , con el último balance echaba los palos por la banda ; saltaban las cadenas de las anclas con que se agarraba al fondo , en las ansias de la desesperación ; reventaba una mar contra la quilla descubierta y lanzaba el mutilado casco en medio del furor de las rompientes , cuyas espumas escupían , casi en el acto , las astillas de su despedazado costillaje . Aquellos tristes despojos flotantes eran lo único que quedaba del Joven Antoñito de Rivadeo . XXIX EN QUÉ PARÓ TODO ELLO No merece el bondadosísimo lector que me ha seguido hasta aquí con evangélica paciencia , que yo se la atormente de nuevo con el relato de sucesos que fácilmente se imaginan , ó son de escasísima importancia á la altura en que nos hallamos del asunto principal . . . si es que hay asunto principal en este libro . Dejemos , pues , que pasen horas desde las infaustas que se puntualizan en el capítulo precedente ; que rueden lágrimas de hiel escaldando mejillas de afligidos , y otras harto más dulces entre abrazos de alegría y latidos de corazones sin tortura ; que las piadosas ofertas á Dios , en momentos de grandes apuros , se cumplan , y que los fervorosos mareantes , y Andrés delante de todos ellos , descalzos y con los vestidos mojados aún por el agua de la tempestad , y con los remos y las velas al hombro , vayan al templo y salgan de él entre el respeto y la conmiseración de las gentes de la ciudad ; que corran días después , y el saborcillo de otros sucesos nuevos mate en la pública voracidad el ansia por los pasados , por tristes ó ruidosos que hayan sido ; que las lecciones recibidas aprovechen , en unos para perdonar , en otros para corregirse ;
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