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— Pues , hijos — exclamó fray Apolinar , levantándose de la silla y calándose el sombrero de teja , — con tan buena voluntad , no ha de faltaros el auxilio de Dios . Mi deber era poneros en los casos ; y ya que os puse y no os espantan , digo que me alegro por el bien de esa inocente ; y como no digo más que lo que siento , ahora mismo me largo en busca de su rastro , sin más miedo á los demonios del balcón que á los mosquitos del aire . . . Bofetones , afrentas y cruz sufrió Cristo por nosotros . . . Ánimo , y á sufrir algo por Él . Y salió , acompañado del honradote matrimonio . Al pasar por delante de la alcoba del carrejo , tía Sidora , alzando las cortinillas de la puerta , dijo , deteniendo al fraile : — Mire y perdone , pae Polinar . Aquí pensamos ponerla . Se llevarán estas ropas de agua y todos estos trastos de la mar , que ocupan mucho y no agüelen bien , al rincón de ajunto la cocina ; se arreglará , como es debido , la cama , que ahora no tiene más que el jergón ; y hasta el dormir la oiremos nosotros desde la otra alcoba . ¡ Verá qué guapamente va á estar ! . . . Como hubiera estado el lichón de mi sobrino si fuera merecedor de ello . — ¿ Qué sobrino ? — preguntó el fraile andando hacia la puerta del portal . — El hijo de la Chumacera , de allá abajo . — ¡ Ah , vamos . . . Muergo ! . . . ¡ Buen pez ! Si va de la que va , te digo que hará buena á su madre . Carne , carne también , mordida del gusano corruptor . . . ¡ Buen pez ! . . . ¡ bueno , bueno , bueno ! Con que hasta luégo : vaya , adiós , Miguel ; ea , adiós , Sidora . Los cuales le oyeron claramente murmurar estas palabras , en cuanto puso los pies en el portal : — ¡ Domine , exaudi orationem meam ! Porque sin duda iba pidiendo al Altísimo que le librara de las injurias que las del quinto piso quisieran lanzarle desde el balcón . Si hace la salida un minuto antes , el haber pasado , como pasó , desde aquel punto de la calle hasta la esquina de la cuesta del Hospital , sin oir una injuria , hubiera sido un verdadero milagro ; pues aún estaban entonces , de codos sobre la barandilla , echando pestes por la boca , la Sargüeta y su hija Carpia . V CÓMO Y POR QUÉ FUÉ RECOGIDA No se le olvidaban á Andrés , con las glorias , las memorias . Había prometido á Silda ver al padre Apolinar al volver de San Martín ; y para cumplir su promesa , dejó el camino derecho que llevaba , un poco después del mediodía , por detrás del Muelle , y se dirigió á la calle de la Mar , atravesando una galería de los Mercados de la Plaza Nueva . Sentada en el primer peldaño de la escalera del padre Apolinar , halló á Silda , muy entretenida en atarse al extremo de su trenza de pelo rubio , un galón de seda de color de rosa . Tan corta era la trenza todavía , que después de pasada por encima del hombro izquierdo , apenas le sobraba lo necesario para que los ojos alcanzaran á presidir las operaciones de las manos ; así es que éstas , y la trenza y el galón y la barbilla , contraída para no estorbar la visual de los ojos entornados , formaban un revoltijo tan confuso , que Andrés no supo , de pronto , de qué se trataba allí .
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