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El otro punto aún era más fácil de explicar . Tablanca y Robacío eran dos pueblos que se « trataban » mucho ; y las familias de Lita y de Neluco , muy amigas desde tiempo inmemorial : hasta había algo de parentesco entre ellas . Lita había pasado , de niña y de moza , buenas temporadas en casa de los Celis ; y Neluco , mientras vivió en Robacío , a cada instante se llegaba a Tablanca y casi siempre comía y se hospedaba en casa de don Pedro Nolasco . Se explicaba , en efecto , de este modo y muy sencillamente , el tuteo y la familiaridad entre el médico y la nieta del Marmitón ; pero lejos de oponerse , ¿ no ayudaba esto a lo otro que yo sospechaba ? Apunté , como en chanza , unas indagaciones en este sentido . Igual que si hubiera dado con los nudillos en una peña del monte . Hasta dudé si Neluco se había enterado de ellas . Lo cierto es que si no eran fundadas mis sospechas , debían de serlo . XI Cuando menos lo esperaba , me dijo el Cura al despedirse de mí en el estragal de la casona , cerca ya de la hora de comer : — Mañana , si Dios quiere , y a caballo los dos . Yo iría mejor a pie , como suelo , y como irá Chisco para acompañarnos y cuidar de las bestias en ocasiones que se presentarán ; pero usted es madera de otro robledal más flojo , y hay que tenerlo todo presente . Antes de romper el día , por supuesto . Entendíle y respondí , haciendo de tripas corazón : — A caballo , y antes de romper el día . — Pues que se entere Chisco de ello , y suficit . Con esto y una risotada se apartó de mí , y echó cambera abajo en demanda de su puchera . Con los sueños que yo cogía tras de las fatigas que me daba por los montes del contorno , le costó a Chisco Dios y ayuda despertarme al día . . . ¡ qué digo día ! a lo más espeso y tenebroso de la noche siguiente . Tona , después de vestirme yo tiritando de frío y sin conciencia cabal de lo que hacía , me sirvió un canjilón de café que acabó de espabilarme ; y cuando bajé al portal , vislumbré , a la opaca luz de un farol que tenía Chisco en la mano , la negra silueta de don Sabas , a caballo en su jaquita rucia , que no me era desconocida , así como el espelurciado jamelgo que casi me metió el espolique entre las piernas para abreviarme la operación de montar en él . Rompimos los tres la marcha por el mismo camino que había traído yo la noche de mi llegada a Tablanca , tan a oscuras como entonces , aunque mejor acompañado y menos dolorido de riñones . Por respeto a mí , pues a mis dos acompañantes igual les daba el día que las tinieblas para caminar a pie seguro por aquellas escabrosidades , conservaba Chisco , que nos precedía , el farol encendido en la mano ; pero hubiera jurado yo que más que la luz del farol del espolique , me alumbraban las chispas que sacaban de los pedernales del suelo las herraduras del tordillo de don Sabas ; el cual don Sabas hacía los imposibles por entretenerme y hasta divertirme durante el paso de aquella negra , áspera e interminable senda ; pero ¡ ay ! sin conseguir su noble y generoso empeño . Porque en aquellas « bajuras » y envuelto en tan espesa oscuridad , don Sabas era todavía el Cura soso de la cocina de mi tío , y todas sus observaciones en romance y todos sus salmos en latín , le resultaban a destiempo y fuera de toda oportunidad .
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