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Se la referí a mi tío , aunque ocultándole detalles que pudieran impresionarle demasiado ; pero como al fin era montuno el buen señor , perdonóme la temeridad por lo grande del suceso , y tuve al último que contársela con todos sus pormenores . Se entusiasmó de verdad . Puestas ya las cosas tan arriba , invité , con su permiso , a Pito Salces a que comiera aquel día con su camarada . Vio el mozón , como yo lo esperaba , el cielo abierto , porque comer con Chisco era comer con Tona . ¡ Puches , qué doble panzada se dio ! Yo , que asistí al final de la comida , añadí con gustosa aquiescencia de mi tío , al surplús con que ya se había obsequiado a los comensales , en honor del nuevo , una botella del más rancio « tostadillo » lebaniego que se guardaba en la bodega de la casona . Brindé con los dos mozones , y canté alabanzas hiperbólicas a la bravura de Pito , para que Tona las oyera bien ; con lo cual y el tostadillo , se puso el alabado que ardía ; y allí mismo pidió por mujer a la hija de Facia , que no hacía más que llorar ; así fue que Tona , colorada como un pimiento por lo uno y angustiada por lo otro , llamó a Pito « jastialón desvergonzau » ; y no alcanzó mejor respuesta la fogosa demanda del rendido pretendiente . Pero como él decía después : « lo importanti pa el casu no era lo que eya pudiera contestame , sino lo que había de cantala , y al cabo la canté yo ; y esu , ¡ puches ! , ayá lo tien . » Como en la tertulia no se habló aquella noche de otra cosa que del lance de la cueva , al salir al día siguiente , antes que el sol , Pito Salces y Chisco con dos carros en busca de los dos osos muertos , sin necesidad de invitaciones los acompañaba medio escuadrón de gente moza ; con cuyo auxilio pronto se vencieron las muchas dificultades que hubo para sacarlos de la cueva . Andando de vuelta , fueron los acompañantes adornando las carretas y los bueyes con ramajos de la montaña , y así desfiló la alegre comparsa por delante de la casona y para que viera mi tío los gloriosos trofeos de nuestra bestial hazaña ; y así bajó al pueblo , donde hubo cánticos y bailoteo por largo , con la « salsa » a mis expensas por especial encargo mío . Obsequiáronme al otro día con las pieles , y regalé yo a Chisco y a Pito Salces sendos centenes isabelinos , con lo que pensaron enloquecer de alegría . Así acabó aquella memorable y descomunal aventura , que debió de haber acabado conmigo tan pronto como la acometí . XXI Si nos descuidamos un poco , en el monte se queda el sangriento botín de nuestra batalla , porque apenas despellejadas las fieras en el lugar , el sol , como si nada tuviera que hacer ya después de haber alumbrado tantas barbaridades , se envolvió la cara en crespones cenicientos que fueron dilatándose por la bóveda celeste , al impulso de un remusguillo que dio en soplar a media tarde . Arreció mucho el frío y comenzaron a pasar por delante de los cristalejos de mi gabinete unos copitos blancos que danzaban en el aire , como si se resistieran a mancharse con las inmundicias de la tierra . Por si me quedaba alguna duda sobre la naturaleza de aquellos síntomas que me supieron a rejalgar entró Facia muy diligente y hasta risueña , con la disculpa de llevarse mi brasero , que ya estaría muriéndose , para « rescoldarle » un poco , y me dijo , mientras se acurrucaba para cogerle por las dos asas :
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