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XXIV Pasó pronto lo de mi tío , y pasaron dos horas más sin otro suceso digno de notarse en la casona y fuera de ella , que unas rachas de vendaval húmedo que « ennegrecieron » un poco la nevada , cosa que nos llenó a todos de complacencia , menos a la mujer gris , por ser el fenómeno señal de próximo desnieve . Cerca del anochecer , cuando Mari Pepa y su hija recogían las respectivas labores y se sacudían las hilachas agarradas a los vestidos y apercibían las « nubes » y los mantones , diciéndole de paso a mi tío muchas cuchufletas por animarle , y goteaban las canales del tejado la nieve « derretida » por la lluvia que iba espesando , vino el médico otra vez . Examinó al enfermo , y nada de particular ni de alarmante halló en él que hiciera temer una noche como la pasada ; pero tampoco se atrevió a prometérnosla más tranquila , porque todo cabía en una enfermedad de tan mala casta en un doliente tan aniquilado e indefenso como mi tío . Esto me lo dijo aparte después de darme , delante de Facia y de Mari Pepa , el plan de campaña hasta el día siguiente , sin perjuicio de volver él a última hora , por lo que pudiera ocurrir . La madre de Lita insistió mucho en quedarse a velar ; pero yo no lo consentí , porque tampoco lo hubiera consentido el enfermo ni le hubiera sentado bien la mera sospecha de tratarse de ello , con lo receloso y aprensivo que se ponía a medida que las tinieblas iban invadiéndole la alcoba . Se acordó que velara Facia , que no se acostara Chisco y que durmiera yo como las liebres ; y con ello se marcharon Lita y su madre con Neluco , despidiéndose ellas « hasta mañana » y él « hasta luego » ; se fueron quedando a oscuras aquellos destartalados y fríos ámbitos de la casona ; creció con las tinieblas el silencio , y pasó un buen rato , mientras la mujer gris aderezaba el velón , sin que yo viera otra cosa en derredor mío que las mortecinas ascuas agonizando entre las cenizas del brasero , ni oyera otros rumores que los de la trabajosa labor del respirar de mi tío en el fondo de la alcoba , y los del acompasado y monótono fluir de las canales sobre el encharcado goterial . Cuando hubo luz en la alcoba , me acerqué a la cama del enfermo y le hablé para desentristecerle un poco y animarle . Trabajo perdido . Me agradecía mucho la intención ; pero él solo sabía todo lo mal que se encontraba y lo imposible que era salir de aquel atolladero sin un milagro de Dios . Me suponía agobiado por la carga de mi sujeción a su asistencia , y se empeñaba en tranquilizarme con la promesa de que no sería largo mi cautiverio ; me pedía perdón por los malos ratos que me daba entre tanto , y me conjuraba nuevamente a que cuando recobrara mi libertad , no echara en olvido lo que tan rogado me tenía ; porque lo de menos era él en aquel pueblo , si había quien ocupara en la casona el puesto que quedara vacío con su muerte . Me parecería ya pesado el tema ; pero eso mismo me demostraría la importancia que él le daba . . . Todo esto , dicho entre quejidos y pausas anhelantes , con voz apagada y sepulcral , a la luz extenuada del velón colocado sobre la cómoda , que sólo servía para extremar la palidez cadavérica del enfermo , entre olores de éter y romero , mientras seguían fluyendo las canales y rezongando el vendaval afuera , resultaba bien triste ciertamente . Por obra de la casualidad se producen a menudo contrastes muy curiosos que parecen chanzas muy pesadas del destino .
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