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— ¡ Las diez y media ! — dijo mi tío revolviéndose en el banco — . Me parece que ya es hora de que te dejemos en paz . El viaje te habrá molido bien los huesos , y tendrás ganas de tumbarlos en la cama . Por lo demás , no te creas : entre el laberinto del ganado abajo , y la tertulia de arriba después de rezar el Rosario , rara es la noche en que nos acostamos más temprano . . . Ya verás , ya verás , ¡ pispajo ! cómo sabemos vivir aquí , aunque montunos y pobres , a uso de pudientes de ciudad . . . Conque ¿ entendístelo , Marmitón ? Pues , ¡ jorria ! ya que estás jartu , y a su casa el que la tenga . Levantámonos todos , dio gracias el Cura , respondímosle cumplida y devotamente , y se fue con don Pedro Nolasco , no sin haberme hecho volver a ver las estrellas con los apretones de manos que me dieron por despedida . Poco tiempo después , encerrado yo en mi cuarto , paseábame a lo largo de él intentando pensar en muchas cosas sin llegar a pensar con fundamento en nada , no sé si porque realmente no quería , o porque no podía pensar de otra manera . Con esta oscuridad en mi cerebro y el continuo zumbar del río en su cañada , acabé por sentirme amodorrado , y me acosté . Blanca de ropas y limpia como un sol era mi cama ; pero ¡ qué fría . . . y qué dura me pareció ! V Sin embargo , dormí toda la noche de un solo tirón ; pero soñando mucho y sobre muchas cosas a cual más extravagante . Recuerdo que soñé con el oso del Puerto ; con desfiladeros y cañadas que no tenían fin , y tan angostas de garganta , que no cabía yo por ellas ni aun andando de medio lado . Obstinado en pasar huyendo de la fiera que me seguía balanceándose sobre sus patas de atrás y relamiéndose el hocico , tanto forzaba la cuña de mi cuerpo , que removía los montes por sus bases y oscilaban allá arriba , ¡ muy arriba ! las cúspides pedregosas , y hasta se desplomaban muchas de ellas sobre mí , pero sin hacerme daño . También soñé con mi tío bailando en la cocina , junto a la lumbre , unas seguidillas que cantaba la mujer gris tañendo una sartén muy grande ; y después con don Pedro Nolasco , el cual comía becerros crudos y troncos de abedul y peñascos de granito con bardales , mientras iban comiéndome a mí , fibra a fibra y muy poco a poco , el Tedio y la Melancolía , un matrimonio de lo más horrible , que vivía en el fondo de un abismo sin salida por ninguna parte . Quizás por haber sido éste mi último sueño de la noche , fue tan triste mi despertar por la mañana . ¡ Porque fue triste de veras ! Pero me había dormido con la curiosidad recelosa de conocer de vista la tierra en que voluntariamente acababa de sepultarme ; y sintiendo revivir de golpe aquel vehemente deseo al ver un poco de luz que se filtraba por los resquicios de las puertas , levantéme de prisa , lavéme tiritando de frío , envolvíme en el abrigo más espeso de los varios que tenía a mi alcance , y me asomé al mismo balcón a que me había asomado por la noche .
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