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Por fortuna , este tipo delicioso de mujer no es raro en nuestra clase media . Muy desventurado será , quien , buscándola con empeño , no logre encontrarla o no sepa asociarla de todo corazón a sus destinos . El toque está en conquistarla para la obra común , en constituirse en su director espiritual , en modelar su carácter , plegándolo a las exigencias de una vida seria de trabajo intenso y de recato austero ; en hacer , en suma , de ella , según decíamos antes , un órgano mental complementario , absorbido en lo pequeño ( si pequeñez puede llamarse el gobierno del hogar y la educación de los hijos ) , para que el esposo , libre de inquietudes , pueda ocuparse en lo grande , esto es , en la germinación y crianza de sus queridos descubrimientos y de sus especulaciones científicas . CAPÍTULO VII Marcha de la investigación científica . Siguiendo a los tratadistas de lógica , y singularmente a E . Naville , consideramos en toda investigación científica tres operaciones sucesivas , a saber : observación y experimentación , suposición o hipótesis y comprobación . En algún caso , la indagación misma tiene como precedente , no la observación personal , sino un acto de crítica , una repugnancia sentida a priori por nuestro espíritu respecto de ciertas doctrinas más o menos generalmente admitidas ; pero hay que convenir en que semejante desacuerdo supone a menudo algún estudio objetivo personal , siquiera sea ligero , sobre el tema o sobre materias afines del problema a resolver . a ) OBSERVACIÓN El consejo dado por los preceptistas literarios , y sobre el cual ha disertado muy atinada e ingeniosamente Pérez de Ayala , « ver las cosas por primera vez » , es decir , readmirarlas descartando reminiscencias librescas , descripciones postizas y frases y tópicos comunes , tiene en la investigación científica muy señalada aplicación . Hay que limpiar la mente de prejuicios y de imágenes ajenas , hacer el firme propósito de ver y juzgar por nosotros mismos , como si el objeto hubiera sido creado expresamente para regalo y deleite de nuestro intelecto . Es preciso , en fin , renovar en lo posible aquel estado de espíritu — mezcla de sorpresa , emoción y vivísima curiosidad — por que atravesó el sabio afortunado que descubrió el hecho considerado por nosotros , o que planteó primeramente el problema . Y esto se enlaza íntimamente con otra regla encarecida insistentemente por los maestros de la investigación científica . No basta examinar ; hay que contemplar : impregnemos de emoción y simpatía las cosas observadas ; hagámoslas nuestras , tanto por el corazón como por la inteligencia . Solo así nos entregarán su secreto . Porque el entusiasmo acrecienta y afina nuestra capacidad perceptiva . Al modo del amante que sabe descubrir diariamente en su adorada nuevas perfecciones , quien contempla con delectación un objeto acaba por discernir en él detalles interesantes y propiedades peregrinas escapadas a la atención distraída de los trabajadores rutinarios . Descendiendo ahora a más concreto terreno , formulemos algunas reglas indispensables a la buena observación en materias biológicas . Debe realizarse en las mejores condiciones posibles , aprovechando al efecto los instrumentos analíticos más perfectos y los métodos de estudio merecedores de más confianza . A ser posible , aplicaremos varios métodos al mismo tema , y corregiremos las deficiencias de los unos con las revelaciones de los otros . Escojamos la técnica más exacta , la que dé imágenes más claras y concluyentes . Importa , asimismo , evitar toda ligereza en la apreciación de los hechos , reproduciéndolos de mil maneras , hasta cerciorarnos de su absoluta constancia y de no haber sido víctimas de alguna de esas falaces apariencias que extravían ( particularmente en los estudios micrográficos ) a los jóvenes exploradores .
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