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El pobre hijo de Melchor , con su carácter apocado y dulce y su afán de cariño , era el paria de la casa . El doctor , viéndole siempre callado , contemplando a su madre con estúpida adoración , había declarado que el niño era tan bruto como su padre , y cuando más , podría servir para el comercio . Y como el muchacho , por su parte , le tenía gran afecto a don Eugenio y cierta querencia a Las Tres Rosas , que era donde habían transcurrido los primeros años de su vida , de aquí que Juanito , a los trece años , entrase en la tienda como aprendiz distinguido , con la ventaja de comer y dormir en su casa . En cambio , los hijos del doctor Pajares gozaron una niñez rodeada de atenciones . Las dos hijas estuvieron hasta los catorce años en un colegio y Rafaelito fue dedicado al estudio , pues doña Manuela v quería hacer de él una lumbrera médica como su padre . Estas predilecciones irritaban a don Juan , que había sentido un afecto fraternal por su primer cuñado , trabajador infatigable como él y amigo del ahorro . Además , Juanito era su ahijado . Pero callaba viendo que la hermana seguía sus consejos económicos y — según sus palabras — no estiraba el pie fuera de la sábana . Pero llegó el momento en que las niñas se convirtieron en unas señoritas , conservando sus relaciones amistosas con sus antiguas compañeras de colegio , y doña Manuela sintió el afán de ostentación de toda madre que tiene hijas casaderas . Renovó su mobiliario , abandonó las modistas anónimas , y en su afán de no andar a pie , si no tuvo berlina y tronco como en sus buenos tiempos , compró una galera elegante y ligerita y tomó como cochero a Nelet , el hijo de la nodriza de Amparo , un bárbaro de la , huerta , a quien puso por condición no tutear a la señorita menor y olvidarse de que era su hermano de leche . — ¡ Que rabie ese rancio ! — decía doña Manuela , indignada al saber la furia con que su hermano había acogido tales reformas — . ¿ Cree que toda la vida la hemos de pasar como unos miserables , con pan y cebolla y un vestido viejo ? Don Juan también hablaba , y había que oírle . — Tu madre está loca — decía algunas veces a Juanito en la puerta de Las Tres Rosas — . Si esto sigue más tiempo , todos iréis a pedir limosna . ¡ Ah , qué cabeza . . . ! ¡ Parece imposible que sea mi hermana ! Para ella lo principal es aparentar , y del mañana que se acuerde el diablo . Lo que yo digo : « arroz y tartana . . . » y trampa adelante . III El primer día del año , a las ocho de la mañana , Concha y Amparo ya habían abandonado el lecho , extraña diligencia en ellas , que por lo común no se levantaban hasta las diez . Ligeritas de ropa a pesar de la estación , revoloteaban alegremente por su cuarto , que ofrecía el desorden del despertar , en torno de las dos camitas de inmaculada blancura , que en sus arrugadas sábanas guardaban el calor de los cuerpos jóvenes y ese perfume de salud y de vida que exhalan las carnes sanas y virginales .
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