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Enfermo y sin un oficio para ganarse la vida , imposibilitado de pedir trabajo en las imprentas , porque su nombre tenía cierta aureola que aterraba a los patronos , Gabriel cayó en la miseria , sin que le bastasen los auxilios con que le socorrían los compañeros . Fue de un extremo a otro de la Península , mendigando entre los suyos y ocultándose de la policía . Su ánimo decayó . Era un vencido ; no podía prolongar la lucha . Sólo le restaba morir ; pero la muerte misericordiosa acudía lentamente a su llamamiento . Pensó en su hermano , el único afecto que le restaba en el mundo . Recordó aquella familia tranquila de las Claverías entrevista en su último paso por la catedral , y fue en su busca como una última esperanza . Al volver a Toledo encontraba disuelta la familia feliz . También por aquel rincón silencioso e inmutable había pasado la desgracia . Pero la catedral , insensible a las vicisitudes humanas , estaba allí como siempre , y a ella se agarraba , ocultándose en sus entrañas para morir tranquilo , sin más anhelo que ser olvidado , pereciendo antes de hora , gustando la amarga felicidad del anonadamiento , dejando en la puerta , como una bestia que se despoja de la piel , aquellas rebeldías que le habían atraído el odio de la sociedad . Su dicha era no pensar , no hablar , amoldarse a aquel mundo muerto . Sería , entre las estatuas vivientes que poblaban el claustro alto , un autómata más ; imitaría a aquellas criaturas que tenían en su ser algo de la aspereza de la piedra berroqueña de los contrafuertes ; aspiraría como un bálsamo de tranquilidad la herrumbre de las rejas , que esparcían por el templo el perfume vetusto de los siglos . IV Al salir al claustro por las mañanas , poco después de amanecer , la primera persona que veía Gabriel era don Antolín , el Vara de plata . Este sacerdote ejercía autoridad a modo de gobernador de la catedral , pues a sus órdenes estaban los servidores laicos y bajo su inspección se hacían todos los trabajos de escasa importancia . Abajo , en el templo , vigilaba a sacristanes y acólitos , cuidando de que los canónigos y los beneficiados no pudieran quejarse de descuidos en el servicio . Arriba , en el claustro , velaba por el buen orden y las sanas costumbres de las familias , siendo , por la gracia del cardenal - arzobispo , una especie de alcalde de aquel pequeño pueblo . Ocupaba la mejor habitación de las Claverías . En las grandes fiestas marchaba al frente del cabildo Con capa pluvial y un bastón de plata tan alto como él , que hacía retemblar las losas con sus golpes , y durante la misa mayor y el coro de la tarde rondaba por las naves para evitar las irreverencias de los devotos y las distracciones de los empleados . A las ocho de la noche en invierno y a las nueve en verano cerraba la escalera del claustro alto , guardábase la llave en el bolsillo y toda la población quedaba aislada de la ciudad . Si de tarde en tarde se sentía alguien enfermo durante la noche , era preciso despertar a don Antolín ; y hundiendo éste la mano en las profundidades de la sotana , se dignaba restablecer con su llave la comunicación con el mundo .
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