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Libro cuarto Con gran deseo esperaba la hermosa Teolinda el venidero día para despedirse de Galatea y Florisa y acabar de buscar por todas las riberas del Tajo a su querido Artidoro , con intención de fenecer la vida en triste y amarga soledad si fuese tan corta de ventura que del amado pastor alguna nueva no supiese . Llegada , pues , la hora deseada , cuando el Sol comenzaba a tender sus rayos por la faz de la Tierra , ella se levantó y , con lágrimas en sus ojos , pidió licencia a las dos pastoras para proseguir su demanda , las cuales con muchas razones la persuadieron que en su compañía algunos días más esperase , ofreciéndole Galatea de enviar algún pastor de los de su padre a buscar a Artidoro por todas las riberas del Tajo y por donde se imaginase que podría ser hallado . Teolinda agradeció sus ofrecimientos , pero no quiso hacer lo que le pedían ; antes , después de haber mostrado , con las mejores palabras que supo , la obligación en que quedaba de servir todos los días de su vida las obras que dellas había rescebido , abrazándolas con tierno sentimiento , les rogaba que una sola hora no la detuviesen . Viendo , pues , Galatea y Florisa cuán en vano trabajaban en pensar detenerla , le encargaron que de cualquier suceso bueno o malo que en aquella amorosa demanda le sucediese , procurase de avisarlas , certificándola del gusto que de su contento o la pena que de su desgracia rescebirían . Teolinda se ofreció ser ella mesma quien las nuevas de su buena dicha trujese , pues las malas no tendría sufrimiento la vida para resistirlas , y así sería excusado que della saberse pudiesen . Con esta promesa de Teolinda se satisficieron Galatea y Florisa , y determinaron de acompañarla algún trecho fuera del lugar , y así , tomando las dos solos sus cayados y habiendo proveído el zurrón de Teolinda de algunos regalos para el trabajoso camino , se salieron con ella del aldea a tiempo que ya los rayos del Sol más derechos y con más fuerzas comenzaban a herir la tierra . Y habiéndola acompañado casi media legua del lugar , al tiempo que ya querían volverse y dejarla , vieron atravesar por una quebrada que poco desviada dellas estaba cuatro hombres de a caballo y algunos de a pie , que luego conoscieron ser cazadores en el hábito y en los halcones y perros que llevaban ; y estándolos con atención mirando por ver si los conoscían , vieron salir de entre unas espesas matas que cerca de la quebrada estaban dos pastoras de gallardo talle y brío . Traían los rostros rebozados con dos blancos lienzos , y alzando la una dellas la voz pidió a los cazadores que se detuviesen , los cuales así lo hicieron , y llegándose entrambas a uno dellos , que en su talle y postura el principal de todos parecía , le asieron las riendas del caballo y estuvieron un poco hablando con él sin que las tres pastoras pudiesen oír palabra de las que decían por la distancia del lugar que lo estorbaba . Solamente vieron que , a poco espacio que con él hablaron , el caballero se apeó , y habiendo , a lo que juzgarse pudo , mandado a los que le acompañaban que se volviesen , quedando sólo un mozo con el caballo , trabó a las dos pastoras de las manos y poco a poco comenzó a entrar con ellas por medio de un cerrado bosque que allí estaba , lo cual visto por las tres pastoras Galatea , Florisa y Teolinda , determinaron de ver , si pudiesen , quién eran las disfrazadas pastoras y el caballero que las llevaba , y así acordaron de rodear por una parte del bosque y mirar si podían ponerse en alguna que pudiese serlo para satisfacerles de lo que deseaban .
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