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Pardo Bazán y la igualdad que dependía del destino impuesto
En 1892, Emilia Pardo Bazán intervino en el Congreso Pedagógico Hispano-Portugués-Americano con una conferencia sobre la educación del hombre y de la mujer. El título parece prometer una comparación equilibrada. Su argumento descubre algo distinto: dos sistemas pueden impartir materias semejantes y seguir siendo desiguales si atribuyen finalidades diferentes a quienes aprenden. Su razonamiento avanza mediante una prueba de coherencia.
La autora parte de una definición social de la mujer que organiza toda su educación. Si su destino se concibe como servicio al esposo, a los hijos o a otros varones de la familia, el saber que recibe se valora por su utilidad para ese destino. Incluso una formación extensa puede quedar subordinada a la felicidad ajena. Pardo Bazán desplaza así la pregunta desde cuánto estudia una mujer hacia para quién y para qué se la educa.