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Y esto se lo digo al Ministro si me apura , porque yo no quiero credenciales , ni colocación , ni derechos pasivos , ni nada ; no quiero más que la verdad por delante , la buena administración , y conciliar . . . compaginar . . . armonizar ( golpeando los dos dedos índices uno contra otro ) los intereses del Estado con los del contribuyente . Y el mastuerzo , canalla , que diga que yo quiero destinos , se verá conmigo de hombre á hombre , aquí ó en mitad de la calle , junto al Dos de Mayo , ó en la pradera del Canal , á media noche , sin testigos . . . ( dando terribles gritos , que atrajeron á los empleados de la oficina inmediata ) . Claro , me toman por un mandria porque no me conocen , porque no me han visto defendiendo la ley y la justicia contra los infames que en esta casa la atropellan . Yo no vengo aquí á mendigar una cochina credencial que desprecio ; yo me paso por las narices á toda la casa , y á vosotros , y al Director , y al Jefe del Personal , y al Ministro ; ¡ yo no pido más que orden , moralidad , economía . . . ! Revolvió los ojos á una parte y otra , y viéndose rodeado de tantas caras , alzó los brazos como si exhortara á una muchedumbre sediciosa , y lanzó un alarido salvaje gritando : « ¡ Vivan los presupuestos nivelados ! » Salió de la oficina , arrastrando la capa y dando traspiés . El buen Pantoja , rascándose con el gorro , le siguió con mirada compasiva , mostrando sincera aflicción . « Señores — dijo á los suyos y á los extraños , agrupados allí por la curiosidad , — pidamos á Dios por nuestro pobre amigo , que ha perdido la razón » . XXXV No eran las once de la mañana del día siguiente , día último de mes , por más señas , cuando Villaamil subía con trabajo la escalera encajonada del Ministerio , parándose á cada tres ó cuatro peldaños para tomar aliento . Al llegar á la entrada de la Secretaría , los porteros , que la tarde anterior le habían visto salir en aquella actitud lamentable que referida está , se maravillaron de verle tan pacífico , en su habitual modestia y dulzura , como hombre incapaz de decir una palabra más alta que otra . Desconfiaban , no obstante , de esta mansedumbre , y cuando el buen hombre se sentó en el banco , duro y ancho como de iglesia , y arrimó los pies al brasero próximo , el portero más joven se acercó y le dijo : — Don Ramón , ¿ para qué viene por aquí ? Estése en su casa y cuídese , que tiempo tiene de rodar por estos barrios . — Puede que tengas razón , amigo Ceferino . En mi casa metidito , y acá se las arreglen estos señores como quieran . ¿ Yo qué tengo que ver ? Verdad que el país paga los vidrios rotos , y no puede uno ver con indiferencia tanto desbarrar . ¿ Sabes tú si han llevado ya al Ministro el nuevo Presupuesto ultimado ? No sabes . . . Verdad , ¡ á ti que más te da ! Tú no eres contribuyente . . . Pues desde ahora te digo que el nuevo Presupuesto es peor que el vigente , y todo lo que hacen aquí una cáfila de barbaridades y despropósitos . Ahí me las den todas . Yo en mi casa tan tranquilo , viendo cómo se desmorona este país , que podría estar nadando en oro si quisieran .
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