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El pobre cesante tenía en su lecho la expresión externa ó el molde de las torturas de su alma , y así , cuando la hormiguilla del insomnio le hacía dar una vuelta , caía en profunda sima , del centro de la cual surgía como la joroba de un demonio , enorme espolón que se le clavaba en los riñones ; y cuando salía de la sima , un amasijo de lana , duro y fuerte como el puño , le estropeaba las costillas . Algunas voces dormía tal cual en medio de estos accidentes ; pero aquella noche , la exaltación de su cerebro le agrandaba en la obscuridad las desigualdades del terreno : ya creía que se despeñaba , quedándose con los pies en alto , ya que se balanceaba en el vértice de una eminencia ó que iba navegando hacia Filipinas con un tifón de mil demonios . « Seamos pesimistas — era su tema ; — pensemos , con todo el vigor del pensamiento , que no me van á incluir en la combinación , á ver si me sorprende la felicidad del nombramiento . No esperaré el hecho feliz , no , no lo espero , para que suceda . Siempre pasa lo que no se espera . Póngome en lo peor . No te colocan , no te colocan , pobre Ramón ; verás cómo ahora también se burlan de ti . Pero aunque estoy convencido de que no consigo nada , convencidísimo , sí , y no hay quien me apee de esto ; aunque sé que mis enemigos no se apiadarán de mí , pondré en juego todas las influencias y haré que hasta el lucero del alba le hable al Ministro . Por supuesto , amigo Ramón , todo inútil . Verás cómo no te hacen maldito caso ; tú lo has de ver . Yo estoy tan convencido de ello , como de que ahora es de noche . Y bien puedes desechar hasta el último vislumbre de credulidad . Nada de melindres de esperanza ; nada de si será ó no será ; nada de debilidades optimistas . No lo catas , no lo catas , aunque revientes » . VI Doña Pura durmió al fin profundamente toda la madrugada y parte de la mañana . Villaamil se levantó á las ocho sin haber pegado los ojos . Cuando salió de su alcoba , entre ocho y nueve , después de haberse refregado el hocico con un poco de agua fría y de pasarse el peine por la rala cabellera , nadie se había levantado aún . La estrechez en que estaban no les permitía tener criada , y entre las tres mujeres hacían desordenadamente los menesteres de la casa . Milagros era la que guisaba ; solía madrugar más que las otras dos ; pero la noche anterior se había acostado muy tarde , y cuando Villaamil salió de su habitación dirigiéndose á la cocina , la cocinera no estaba aún allí . Examinó el fogón sin lumbre , la carbonera exhausta ; y en la alacena que hacía de despensa vió mendrugos de pan , un envoltorio de papeles manchados de grasa , que debía de contener algún resto de jamón , carne fiambre ó cosa así , un plato con pocos garbanzos , un pedazo de salchicha , un huevo y medio limón . . . El tigre dió un suspiro y pasó al comedor para registrar el cajón del aparador , en el cual , entre los cuchillos y las servilletas , había también pedazos de pan duro . En esto oyó rebullicio , después rumor de agua , y he aquí que aparece Milagros con su cara gatesca muy lavada , bata suelta , el pelo en sortijillas enroscadas con papeles , y un pañuelo blanco por la cabeza .
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