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Las dos hermanas , en tanto , cuchicheaban en la cocina . ¿ Sobre qué ? Es presumible que fuera sobre la imposibilidad de dar de comer á la familia con un huevo , pan duro y algunos restos de carne que no bastaban para el gato . Pura fruncía las cejas y hacía con los labios un mohín muy extraño , juntándolo con la nariz , que parecía alargarse . La pudorosa Ofelia repetía este signo de perplejidad , resultando las dos tan semejantes , que parecían una misma . De sus meditaciones las distrajo Villaamil , el cual apareció en la cocina diciendo que tenía que ir al Ministerio y necesitaba una camisa limpia . « ¡ Todo sea por Dios ! — exclamó Pura con desaliento . — La única camisa lavada está en tan mal estado , que necesita un recorrido general » . Pero Abelarda se comprometió á tenerla lista para el mediodía , y además planchada , siempre que hubiera lumbre . También hizo don Ramón á su hija sentidas observaciones sobre ciertos flecos y desgarraduras que ostentaba la solapa de su gabán , rogándola que pasara por allí sus hábiles agujas . La joven le tranquilizó , y el buen hombre metióse en su despacho . El conciliábulo que las Miaus tenían en la cocina terminó con un repentino sobresalto de Pura , que corrió á su alcoba para vestirse y largarse á la calle . Había estallado una idea inmensa en aquel cerebro cargado de pólvora , como si en él penetrase una chispa del fulminante que de los ojos brotara . « Enciende bien la lumbre y pon agua en los pucheros » , dijo á su hermana al salir , y se escabulló fuera con diligencia y velocidad de ardilla . Al ver esta determinación , Abelarda y Milagros , que conocían bien á la directora de la familia , se tranquilizaron respecto al problema de subsistencias de aquel día , y se pusieron á cantar , la una en la cocina , la otra desde su cuarto , el dúo de Norma : in mia mano al fin tu sei . VII Á eso de las once entró doña Pura bastante sofocada , seguida de un muchacho recadista de la plazuela de los Mostenses , el cual venía echando los bofes con el peso de una cesta llena de víveres . Milagros , que á la puerta salió , hízose multitud de cruces de hombro á hombro y de la frente á la cintura . Había visto á su hermana salir avante en ocasiones muy difíciles , con su enérgica iniciativa ; pero el golpe maestro de aquella mañana le parecía superior á cuanto de mujer tan dispuesta se podía esperar . Examinando rápidamente el cesto , vió diferentes especies de comestibles , vegetales y animales , todo muy bueno , y más adecuado á la mesa de un Director general que á la de un mísero pretendiente . Pero doña Pura las hacía así . Las bromas , ó pesadas ó no darlas . Para mayor asombro , Milagros vió en manos de su hermana el portamonedas , casi reventando de puro lleno .
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