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Cuando Bonis abrió los ojos a la realidad , como se dijo a sí mismo a los pocos segundos de despierto , lo primero que hizo fue bostezar , pero lo segundo . . . fue sentir una sed abrasadora de idealidad , de infinito , de regeneración por el amor , y además sed material no menos intensa , y grandísimos deseos de seguir durmiendo . Por lo demás , no quería pensar en su situación ; le horrorizaba , por varios conceptos . Sideo , se le ocurrió decir acordándose de una de las siete palabras del Mártir de Gólgota , como él llamaba a Nuestro Señor Jesucristo ; pero como Emma repitiese el puntapié con el pie desnudo en el hueso de la pierna derecha , Bonis tradujo su exclamación , diciendo : « Tengo mucha sed . . . . ¡ algo líquido , por Dios ! . . . ¡ aunque sea jarabe ! . . . » . — ¡ Oye , tú ! ; ¿ sabes lo que te digo ? Que te levantes antes que venga la chica . . . si tú no tienes vergüenza , la tengo yo . . . . Y con aquella actividad y energía que caracterizaban a Emma y que habían hecho pensar mil veces a Bonis que su mujer hubiera sido un magnífico hombre de acción , un político , un capitán , digo que usando de estas cualidades , la esposa arrojó al esposo del tálamo a patada limpia . No tuvo más remedio Reyes que vestirse provisionalmente deprisa y corriendo , y salir del cuarto de su media naranja sin más explicaciones : medio desnudo , descalzo , pues llevaba las botas en las manos ( ¿ cómo calzar botas y no zapatillas al levantarse de la cama ? ) , fue tropezando con todo por los pasillos , atravesó el comedor , bebió en un vaso de agua olvidado allí la noche anterior , llegó a su cuarto , se desnudó deprisa y mal , rompiendo botones ; y en cuanto se vio en su lecho , en aquel que él tenía por propiamente suyo , pensó en entregarse a la reflexión y a los remordimientos de varias clases y harto contradictorios que le asediaban ; pero la parte física pudo más ; y la dulce frescura de la cama tersa , la suavidad del colchón bien mullido , le arrojaron , como sirenas vencedoras , en lo más hondo del mar del sueño , haciendo rodar sobre su cabeza olas de reposo y olvido . - IX - Durmió como un muerto , pero no mucho . Como un resucitado volvió a la vida haciendo guiños a la luz cruda de un rayo del sol del mediodía , que por un resquicio de la ventana mal cerrada , se colaba hasta la punta de sus narices , hiriéndole además entre ceja y ceja . Aquel rayo de luz le recordaba los rayos místicos de las estampas de los libros piadosos ; él había visto en pintura que a los santos reducidos a prisión , y aun en medio del campo , les solían caer sobre la cabeza rayos de sol por el estilo del que le estaba molestando . Si él fuese idólatra ( que no lo era ) , vería en aquello la mano de la Providencia . No era idólatra , pero creía en el Hacedor Supremo y en su justicia , que tenía por principal alguacil la conciencia . Indudablemente su situación , la de Bonis , se había complicado desde la noche anterior . « Hueles a polvos de arroz » , había dicho la engañada esposa , tres veces lo había dicho , y en vez de irritarse . . . de envenenarle o ahorcarle . . . ¡ cosa más rara ! . . .
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