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A pesar de las vehementes y sabias exhortaciones de doña Inés , Juanita distaba más cada día de hallar peligroso el mundo ( maldito el miedo que le tenía ella ) , no lograba persuadirse de que la sociedad fuese tan viciosa y tan mala , ni de que el enamorarse y el casarse pudieran acarrear tamañas desventuras . De aquí que no tuviese la menor inclinación ni vocación a la vida monástica . Pero como a doña Inés se le había puesto en la cabeza que ella fuese monja , y cuando formaba un plan era punto menos que imposible hacerla desistir , la pobre Juanita se veía muy apurada . A cada momento sentía el conato de echarlo todo a rodar y de declarar a doña Inés que Dios no la llamaba por el camino por donde ella quería que fuese . Se contenía , no obstante , a fin de no armar la de Dios es Cristo , de no perder en un minuto cuanto había conseguido trabajando más de un año y de no verse de nuevo en guerra con los poderes constituidos y con toda la población que respetaba y obedecía a dichos poderes . Juanita no dijo que sí ; no aceptó lo del monjío , pero no dijo que no ; pronunció frases vagas o se calló y bajó la cabeza . Tomando doña Inés para regla de interpretación el refrán de « quien calla otorga » , dio por sentado que Juanita estaba decidida a entrar en un convento , y ya , en su fantasía entusiástica , se la representaba santa , cuya vida se intercalaría en las ediciones futuras del Año Cristiano . Doña Inés dio parte de este triunfo al padre Anselmo , quien se llenó de piadoso júbilo , y aun se sintió lisonjeado al prever que él figuraría en la vida de la nueva santa como el instrumento de que se valía el Cielo para convertirla y glorificarla . XXV Por dicha no se apresuraba doña Inés para que el plan del monjío de Juanita se realizase , y así le daba tiempo de apercibirse a la rebelión con fuerza bastante para sacudir el yugo sin menoscabo de sus intereses y proyectos . Si bien doña Inés sentía y confesaba que iba a hacer un inmenso sacrificio al desprenderse de Juanita , única mujer que la comprendía en el mundo y que podía ser su compañera , en manera alguna quería prescindir de este sacrificio , que le daría honra entre los mortales y que Dios lo tendría en cuenta para pagárselo en el cielo . Persistía , pues , con firmeza en su plan , pero lo retardaba , y mientras lo retardaba lo iba completando en sus pormenores , consultándolo todo con el padre Anselmo . Decidió doña Inés pagar ella el dote de Juanita . Sobre lo que vacilaba aún era sobre el convento en que debía ponerla . Después de haber desechado muchos , pensó en uno que hay en Ecija , con cuya abadesa se carteaba , porque era allí donde se hacían los célebres bizcochos de yema imitados por Juana la Larga . Afirmaba doña Inés que toda persona que tenía buen paladar reconocía al punto la imitación de Juana , porque carecía del quid divinum que hay en los legítimos , prestándoles tan soberano sabor , que si con grosero y material supuesto pudiésemos imaginar que los querubines , cuando bajan a la tierra con algún mensaje de arriba , tienen el capricho o se allanan a comer algo , sin duda que no comerían otra cosa que los tales bizcochos de yema hechos por las mencionadas monjas .
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