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Si esta víbora te pica no hay remedio en la botica ; la abrió con el temeroso ruido que produce la rodaja al encajar en el muelle , y se lanzó otra vez sobre su adversario ; pero el bandido estaba ya falto de serenidad y quebrantado por el dolor del primer golpe . No supo ser certero y en balde abanicó el ambiente con su mortífero instrumento . Don Paco , sereno y decidido , se apartó a un lado , brincó y salvó el bulto y sacudió otra vez tan fiero garrotazo en los lomos del de la carátula , que le hizo caer en el suelo boca abajo . Tendido ya en el suelo el bandido , don Paco se ensañó algo , y sin compasión le dio cuatro o cinco palos más . Como no se quejaba ni rebullía , don Paco le creyó muerto . Se agachó , no obstante , con precaución y le quitó de la mano la navaja . En seguida llegó don Paco a donde estaba don Ramón , que le reconoció , y con viva efusión le dio las gracias . Don Paco desató el cordel que mantenía a don Ramón amarrado . — Alúmbreme usted con el candil — le dijo — . Voy a ver si ha muerto ese hombre . A la luz del candil se llegó don Paco al que estaba boca abajo tendido por el suelo y le puso boca arriba . La carátula se le había caído . Don Paco y don Ramón se quedaron absortos al reconocer a Antoñuelo . XXXII Por dicha no había recibido ningún garrotazo en la cabeza ; pero estaba derrengado , molido y lleno de contusiones . Seguro ya de que vivía , y por instigación del tendero murciano , que no se aquietaba hasta recobrar , en parte al menos , el dinero robado , don Paco registró a Antoñuelo y le encontró cuatro mil reales , que devolvió a su dueño . Los otros ocho mil se los había llevado el compañero de Antoñuelo , el cual , por director y maestro en el arte , había tomado doble porción de botín . Antoñuelo sentía agudos dolores ; no formulaba palabra alguna , pero lanzaba gemidos lastimeros . Don Paco se apresuró a salir de allí , volviendo cuanto antes al lugar con el libertado y el vencido . La poderosa mula de don Ramón , aparejada aún con muy cómoda y ancha albarda , se hallaba en un corralejo o pequeño cercado contiguo a la casilla . Sacó don Paco la mula , hizo que montase en ella su dueño y levantando después a Antoñuelo , que apenas se podía mover , y llevándole en peso con alguna dificultad , le plantó a las ancas . El cargó luego con el trabuco y la navaja , trofeos de su victoria , y echando delante la mula y su doble carga se dirigió hacia el lugar . Al ir caminando daba infinitas gracias a Dios porque le había puesto en ocasión de castigar un delito y de evitar otros mayores , y porque le había proporcionado un medio de volver a la patria con justo motivo y sin ningún sonrojo . Aunque caminaron despacio , llegaron al lugar entre una y dos de la noche , sin hallar a nadie en el camino . Inquieto don Andrés por la suerte de don Paco , había enviado en balde a muchas personas para que le buscasen . También la tendera había enviado gente en busca de su marido . Todos con mal éxito se habían vuelto al lugar antes de medianoche . Cuando mucho más tarde entraron en él don Paco y su comitiva , los villalegrinos estaban durmiendo .
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