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Rafaela se fue a la cocina refunfuñando . Juana volvió poco después de casa del cacique . Juanita siguió guardando silencio , sin decirle nada de lo ocurrido . Aquella noche estuvo Juanita inquieta y desvelada . Su orgullo , en su sentir humillado , le hería el corazón y no le dejaba dormir . ¿ Conque no podría ella , por sí misma y libre , hacerse respetar ? ¿ Sería menester acudir a don Paco para que la defendiera , comprometiéndose ? ¿ Tendría razón doña Inés en aconsejarle que fuese monja ? ¿ Eran tan viles sus antecedentes que no podría ella ser estimada y acatada sino bajo la protección y tutela de un hombre generoso que le tendiese la mano y la sacase del fango en que al parecer había vivido ? Estas y otras semejantes reflexiones atormentaban horriblemente a la muchacha y espoleaban su soberbia . Triste y ojerosa se levantó apenas fue de día . Dos o tres horas estuvo cavilando , rabiando y formando distintos proyectos . Varias veces pensó en ir a ver a don Paco , a quien había prohibido venir a verla hasta las diez y media de la noche , y a quien se había propuesto no ver antes . Pensó contarle la insolente pretensión de don Andrés para que don Paco le tuviese a raya ; pero pronto desistió de tan cobarde propósito . Al fin , como Juanita era muy devota , tomó su mantón y se fue a rezar a la iglesia , esperando encontrar allí inspiración y consuelo . Juana se había ido ya de nuevo a casa de don Andrés a continuar sus ocupaciones culinarias y sus preparativos de la gran cena . No ya esta vez en la iglesia de la Soledad , que está en lo alto del cerro , sino en la nueva parroquia , antiguo convento de Santo Domingo , donde fue tan maltratada por el sermón , Juanita estuvo rezando fervorosamente durante mucho tiempo . Al salir de la iglesia para volver a su casa se encontró con Longino de manos a boca . Longino se acercó a ella , la saludó con socarrona finura y le dijo en voz baja , casi al oído : — No sea usted tan dura y tan sin entrañas . No deje morir a quien se muere por usted de mal de amores . Déle la cita que humildemente le pide . Juanita dio un paso atrás , como quien se aparta de objeto que le inspira asco , y lanzó a Longino una mirada de soberano desprecio . Longino no la comprendió . Después , con todo sosiego y con toda la frescura de quien ha tomado una resolución firme y sabe lo que dice y lo que hace , Juanita contestó : — Diga usted a su amo que le aguardo esta noche en mí casa , a las ocho en punto . Rafaela abrirá la puerta . Yo estaré sola en la sala alta . XLII Don Paco pasó varias veces aquel día por la puerta de la casa de Juanita , pero no se atrevió a entrar en ella antes de la hora convenida . Aunque Juanita le vio no quiso llamarle ni hablarle , tal vez por temor de revelar involuntariamente cosas que quería tener calladas . Hasta las cuatro de la tarde estuvo sin salir de casa , cosiendo con la mayor tranquilidad .
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