El fascinante misterio de los agujeros negros

Прочитайте цю статтю вголос

Увімкніть мікрофон і читайте у своєму темпі. Слова підсвічуються на ходу, і ніхто не зупиняє вас через одну помилку.

Ваш звук не потрапляє до MovaReader: розпізнає його ваш браузер. Політикою конфіденційності

Увійдіть, щоб ця сесія збереглася в історії читання.

El fascinante misterio de los agujeros negros

Elena había subido a la estación de la montaña para ver un agujero negro. Lejos de las luces de la ciudad, el cielo estaba limpio, y el telescopio llevaba casi una hora encendido. En la hoja de observación había un punto marcado. Ella miró, ajustó el aparato y miró otra vez. Veía estrellas. No veía ningún agujero.

«El telescopio está bien», dijo Mateo, el astrónomo de turno. «El agujero no se ve. Esa es la cuestión.»

Elena no quería una frase hecha. Quería saber dónde estaba.

Mateo acercó una silla a la pantalla. No señaló el telescopio. Señaló una foto.

«Un agujero negro es una región del espacio donde la gravedad es tan fuerte que la luz no consigue salir, después de cruzar un límite. A ese límite lo llamamos horizonte de sucesos.