Después del plástico

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Después del plástico

Rafa mira el reloj dentro del invernadero. Las cuatro y media. Su hija Nuria lo espera en la playa, y él todavía tiene las manos manchadas de tomate.

El techo es de plástico blanco. Bajo ese techo crecen tomates y pimientos. Fuera está Roquetas de Mar, en Almería, junto al Mediterráneo. Aquí llueve poco, y a las cuatro el sol sigue fuerte. Hace tanto calor que la camiseta se le pega a la espalda desde el mediodía.

El camión de las cinco todavía no llega. El encargado pide que esperen. Rafa dice que no. Si espera, Nuria se cansa y la abuela se la lleva a casa. Los tomates pueden salir sin él.

Deja la caja en el suelo y sale. El plástico queda atrás, blanco y largo. Cruza la carretera. El aire cambia y ya huele a sal.