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Natación en verano
Inés pasa agosto en casa de su abuela, en un pueblo de la costa de Málaga. Por la mañana el calor ya es fuerte. La playa está cerca y el agua del Mediterráneo está tibia. Inés quiere nadar, pero en la ciudad casi no nada. En la piscina de su barrio se queda donde hace pie.
Su hermano Rafa no tiene ese miedo. Sale pronto, con una toalla y unas gafas de natación.
«Hoy llegamos a la boya amarilla», dice. «No está muy lejos y el mar está tranquilo.»
Inés quiere ir. Quiere tocar la boya con la mano y volver con una sonrisa. Se pone el bañador, toma la toalla y baja con él a la arena.
Hay un poste alto. Hoy la bandera es amarilla. La abuela viene detrás, con un sombrero grande, y se para delante del poste.