La entrenadora amable

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La entrenadora amable

Hoy no quiero el balón. Quiero desaparecer un minuto. Estamos en el polideportivo, en la pista de balonmano. Mi entrenadora se llama Elena. No grita. Cuando me equivoco, se acerca y habla bajo.

En balonmano el balón se juega con las manos. Es pequeño y se puede sujetar. Con el balón en las manos puedes dar hasta tres pasos. Luego pasas, botas o tiras a portería. Un paso más, con el balón quieto en las manos, no vale. Yo lo sé. En la pista, hoy, no lo hago.

Elena me pasa el balón. Yo lo cojo. Quiero llegar cerca de la portería antes de soltarlo. Doy un paso. Dos. Tres. Y otro. Cuatro. Un compañero levanta la mano. «Pasos», dice. El juego para.

Se me calienta la cara. Quiero dejar el balón en el suelo y salir al pasillo.