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Del laboratorio al envase: micelio y algas
La idea parece sencilla: usar una parte de un ser vivo para dar forma a un material. En la práctica, cada propuesta necesita pruebas. No basta con decir que algo es natural para saber si resulta resistente, seguro o fácil de reciclar.
El micelio es la parte vegetativa y fibrosa de un hongo. En algunos compuestos funciona como aglutinante: une partículas que antes estaban separadas. Esa unión puede convertir restos de poco valor en una pieza ligera.
Un proyecto europeo llamado Mycotaff estudió materiales de construcción hechos con micelio y residuos agrícolas. Su objetivo era obtener productos para usos como el aislamiento y los envases. El micelio no era una decoración: formaba la estructura que mantenía unido el conjunto.
Las algas ofrecen otra ruta. De ellas se extraen sustancias que pueden entrar en procesos para fabricar películas flexibles, textiles y otros productos.