La misteriosa desaparición del jamón

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La misteriosa desaparición del jamón

El jamón de don Ramón no estaba en el gancho, y en su casa eso pesaba más que una ventana abierta.

Llevaba junto a la escalera desde el invierno. Don Ramón lo miraba cada mañana y no lo tocaba, porque un jamón así pide meses y cortarlo pronto es una prisa cara. El sábado el gancho estaba vacío. En la cocina y en el patio, nada.

El detective del pueblo no era detective. Era Tomás, el peluquero, y el bigote era su única autoridad. Llegó con una libreta y preguntó mal: ¿quién entra en esta casa? La nuera, el nieto, el gato y usted, dijo la hija. Tomás anotó el gato con cara seria y enseguida tachó el nombre. Un gato no descuuelga un jamón.

Por la tarde Mateo, el nieto, no aguantó más. Tenía