Un dedo, un genoma: el hallazgo de Denisova

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Un dedo, un genoma: el hallazgo de Denisova

En 2008, unos arqueólogos encontraron un pequeño fragmento de un dedo en la cueva de Denisova, en el sur de Siberia. A simple vista, el resto óseo no contaba una historia completa. Sin embargo, conservaba ADN en un estado excepcionalmente bueno.

Trabajar con ADN antiguo exige una cautela extrema. Con el tiempo, las moléculas se degradan y se rompen en fragmentos. Además, una muestra puede contaminarse con ADN de microorganismos o de las personas que la manipulan. Por eso, el laboratorio no solo secuencia: también comprueba de dónde procede cada señal.

El equipo de Svante Pääbo analizó el ADN del dedo. Al compararlo con secuencias de neandertales y de humanos actuales, descubrió que no pertenecía a ninguno de esos grupos. El genoma reveló un linaje humano antes desconocido para la ciencia, al que se llamó Denisova por el nombre de la cueva.