Mercurio y helio: dos caminos hacia el mundo cuántico

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Mercurio y helio: dos caminos hacia el mundo cuántico

A comienzos del siglo XX, enfriar la materia hasta temperaturas cercanas al cero absoluto abrió un territorio experimental inesperado. Dos resultados se convirtieron en referencias: la superconductividad del mercurio y la superfluidez del helio-4.

Heike Kamerlingh Onnes consiguió licuar helio en 1908. Tres años después, su equipo estudió un hilo de mercurio a muy baja temperatura. Al descender por debajo de unos 4,2 kelvin, la resistividad eléctrica cayó hasta un valor que el experimento no podía distinguir de cero.

Ese resultado no significa simplemente que el mercurio conduzca mejor. En el estado superconductor, una corriente puede circular sin disipación de energía causada por la resistencia. Además, un campo magnético externo suficientemente débil queda fuera del interior del material. Esta expulsión, observada en 1933, se conoce como efecto Meissner.

La explicación microscópica tardó varias décadas.